"Me gusta, luego existo"

 

Gilles Lipovestky y el humanismo tecnológico

 

Entrevista realizada por Jacob Bañuelos, Inés Sáenz y Karla Tenorio1

 

 

Gilles Lipovetsky es uno de los 12 intelectuales franceses más influyentes de la actualidad, según la revista Le nouvel observateur. Su obra ha influido profundamente en la interpretación de la modernidad, desde la cual explora con detalle las múltiples facetas del individuo contemporáneo: el reinado de la moda, las transformaciones de la ética, la explosión del lujo, las mutaciones de la sociedad de consumo, los retos de ser mujer en la época posfeminista, las paradojas de la felicidad y las enormes contradicciones de la cultura mundo —cultura que rige a la sociedad, hoy caracterizada por el exceso de todo—. Lipovetsky se confiesa adepto a Facebook y a las nuevas tecnologías como parte de su campo de investigación y dice que ya cuenta con 5 mil amigos, número 29 veces más alto que la media francesa (177 amigos).

En el marco de su participación en las actividades de la Cátedra Alfonso Reyes del Tecnológico de Monterrey en agosto de 2013, Gilles Lipovetsky conversó con nosotros en torno a las redes sociales, las nuevas tecnologías y la educación.


Inés Sáenz (IS) y Jacob Bañuelos (JB): ¿De que manera usted investiga el fenómeno de las redes sociales? ¿Qué significan en su obra?

Gilles Lipovetsky (GL): Las redes sociales muestran una especie de paradoja. El individualismo narcisista que había sido desarrollado en la era del vacío parece entrar en contradicción, por lo menos aparentemente con lo que muestran las redes. Porque en las redes sociales uno no tiene más que amigos. Narciso es un personaje solitario que está ahí solo, amándose a sí mismo y, en cambio, en las redes sociales está uno con sus amigos permanentemente. Aparentemente hay una contradicción o tenemos, por lo menos, un problema inmenso de definición.

La primera reflexión es que con las nuevas tecnologías entre más autónomo es el individuo con respecto a las grandes instituciones colectivas, más dependiente es de las tecnologías que lo ponen en relación con los demás. Entre más es remitido a sí mismo el individuo, solo, menos se soporta solo.

Les voy a dar una prueba y la prueba es que en los restaurantes la gente siempre tiene su celular a la mano y consulta inmediatamente su teléfono para ver quién acaba de mandar ese mensajito. Todo remite a uno, pero al mismo tiempo el individuo no se soporta a sí mismo solo, no soporta su soledad, siempre tiene que estar conectado. Tenemos mucha dificultad en la actualidad a vivir desconectados.

De hecho se han hecho investigaciones sobre las redes sociales. Se les pidió a algunas personas en un experimento que se quedaran 24 horas sin ver su celular y era insoportable. Antes era la televisión, la gente estaba ahí todo el tiempo adicta a la tele. Ahora los norteamericanos ven más las pantallas de sus smartphones o de sus tablets que la televisión. Vivir hoy sin la pantalla del smartphone se ha vuelto insoportable para mucha gente.

Para volver a la cuestión de los jóvenes, creo que la mitad de los jóvenes adolescentes duerme con su smartphone debajo a la oreja o prendido cerca de su cama, se ha vuelto algo vital. Es un individualismo de un tipo particular, conectado. Un individualismo que tiene que estar conectado con otros y que muestra, con respecto al individualismo de antaño, cierta debilidad. Porque hay como una especie de incapacidad para abastecerte a sí mismo, todo el tiempo necesitamos estar ahí. ¿Quién escribió? ¿Quién no me escribió? Es una dependencia nueva. Los individuos se emanciparon a lo largo de los últimos siglos, sobre todo a lo largo del último medio siglo, se liberaron del imperio de la religión, las iglesias, la familia. Todo eso ya no tiene tanta fuerza, pero hoy estamos en una dependencia de ese tipo de conectividad.

Esa sería la primera observación. Una segunda observación tendría que ver con la cuestión de Narciso, porque bueno, aparentemente ya no estamos en el narcisismo porque sólo hay éxito en relación con los demás. Aunque no es tan sencillo, porque vemos en estas redes sociales una especie de desahogo permanente de uno mismo y el término interesante aquí es el “me gusta”, el “I like” .

Por doquier la gente pone fotos, da testimonio de su existencia, lo cual es una especie de narcisismo, de puesta en escena de uno mismo. La gente se muestra, se afirma, habla de sí misma, así como antes escribía su diario íntimo. Pero el diario íntimo era íntimo y en el diario íntimo había tal vez una búsqueda de coherencia. Dado que era un texto escrito había una narración. Hoy eso ya no tiene importancia porque esto puede ser totalmente discontinuo, es una especie de caleidoscopio de lo que uno siente. Pienso que pese al primer punto, en las redes sociales sigue habiendo una figura relacionada con el narcisismo. Pero un narcisismo distinto.

En las redes, los individuos constituyen una especie de micro tribus, de pequeñas comunidades. Estas pequeñas comunidades son de tipo individualista, no son verdaderas comunidades o tal vez son comunidades, pero en todo caso son comunidades no tradicionales, porque las comunidades tradicionales no se eligen, sino que uno la recibe, esa es la comunidad que le tocó. En las redes uno elige su micro tribu.

Hoy hay comunidades de amigos, gente que se conecta, pero hay 150. Uno entra y sale, cada quien hace lo que quiere. Es cierto que el individuo está conectado, pero esta comunidad es fundamentalmente de tipo individualista, es significativa de un individualismo expresivo y no solamente consumista. Hay una necesidad de hablar de sí mismo y también de ponerse en valor, sobre todo en los jóvenes, una necesidad de valorizarse. Después eso tal vez se vuelve menos importante, porque los jóvenes adolescentes siempre están esperando reacciones, retroalimentación, ellos ponen una foto y están esperando a que la gente los felicite y diga “está bien”, “me gusta”, “es formidable”, “qué bien te ves”. Es una gratificación. Antes, en el mito de Narciso, la gratificación se la daba el individuo a sí mismo, ahora necesitamos que otras personas nos digan: “eres el más guapo”, “muy bien lo que dijiste”. Todo mundo extrae de esto cierto orgullo, cierta gratificación.

Podemos preguntarnos cómo le puede hacer un joven para encontrar formas de gratificación, porque no hay tantas; no hay tanto trabajo, no hay tanto dinero, entonces: ¿Qué es lo que nos queda? ¿Qué formas de gratificación nos quedan? Quedan el look, la moda, el deporte y la música, hablar de los propios gustos. Por eso la gente recibe micro gratificaciones, no es la gran cosa, pero es agradable. Cada quien hace su puesta de escena de sí mismo, su pequeño cine.

Antes nuestra identidad se construía a través de la religión o de la política. Hoy ya no es suficiente. Si alguien dice “yo soy de izquierda”, la gente dice “¡qué bien!”. Pero esto ya no basta. La gente prefiere conocer los gustos, porque las grandes instituciones colectivas en la actualidad son menos productoras de identidad. La identidad se ha vuelto algo singular, particular, que debe enfatizarse. No basta con decir “yo soy de izquierda” o “yo soy cristiano”, hay que decir además “me gusta esto y detesto esto”. Lo emocional se vuelve mucho más importante, incluso en el autorretrato, en la exposición del yo. El autorretrato es prácticamente sólo emocional, la argumentación es muy débil.

Pongo un ejemplo personal, divertido. Me dijeron que había un grupo en Internet llamado Gilles Lipovetsky. En realidad nadie hablaba de los libros, y me pregunté “¿de que están hablando estos?” Lo interesante para ellos no era discutir realmente los libros, sino decir “a mí me gusta esto y me gusta aquello”. Era lo emocional, eran sus emociones, no la discusión sobre las ideas. Era como para decir “pues las cositas de Lipovetsky nos gustan”. Pero las discusiones son para la escuela, lo importante es el “I like”.

Entonces el “me gusta” es emocional, eso es muy revelador. La construcción de sí en la filosofía existencialista de Sartre se basaba en la conquista de la autenticidad y el compromiso. Todo eso ya se acabó, ya no hay compromiso ni autenticidad, ahora es el “me gusta”, “yo soy lo que a mí me gusta”. Antes hubiera dicho “pienso y luego existo”, ahora se dice “me gusta y luego existo”, “yo soy lo que me gusta”.

Estamos en una época que se ha vuelto más escéptica con respecto a los grandes esquemas argumentativos. Sucede que cuando dicen “me gusta”, están diciendo quiénes son y hay que entender que esto es una manera de definirse. Sólo que la gente ya no se define a partir de un gran sistema, sino a partir de su gusto.

 

IS y JB: ¿De qué manera las nuevas tecnologías tienen un efecto en la sociedad y, más allá de ella, en el sistema democrático?

GL: Las nuevas tecnologías pueden ser portadoras de cosas muy distintas; pueden crear lo que a menudo se menciona como formas de adicción, algo que no es el ideal del hombre libre en la democracia. Hay adolescentes que se pegan 12 horas al día en sus juegos de video u hombres que ven cinco horas diarias los sitios porno. Ése, por supuesto, no puede ser el ideal por venir. Podemos decir además que las nuevas tecnologías también han creado nuevos malestares en las empresas.

Los hombres trabajan menos con sus manos y más con pantallas. Resulta que una vida ante la pantalla no solamente cansa los ojos, sino que también crea en las empresas un clima de urgencia, de estrés. Toda persona que trabaja en una empresa lo puede decir: al llegar a la oficina por la mañana prende su computadora y se encuentra con 200 mensajes que hay que responder. La gente ha sido enajenada en el sentido de su trabajo porque ya no logra controlar todo esto.

El universo de las nuevas tecnologías aceleró el tiempo, aceleró el ritmo y ha creado un malestar porque la gente siente que ya no está nunca a la altura de las exigencias. Sin embargo, también es necesario ver todo lo positivo de estas nuevas tecnologías. Hay una cuestión que me parece interesante con respecto a la democracia: desde Tocqueville sabemos que la democracia no es únicamente un régimen político, sino instituciones que regulan las instituciones del poder. Pero la democracia es además un estado social; un estado social que debe ser regido por la igualdad, la exigencia de igualdad entre las personas, entre los hombres y las mujeres, y que hace posible la expresión de las personas y de las minorías, porque podemos tener democracias con elecciones y que, sin embargo, son especies de regímenes totalitarios.

Las nuevas tecnologías hacen posible una participación más grande de los ciudadanos, pero también me parece que las nuevas tecnologías difunden en el cuerpo social una nueva exigencia de expresión para las personas. Están los blogs, el correo electrónico, las redes sociales, la expresión artística a través de la fotografía, los videos, la música y eso sí tiene una relación con la democracia, aunque no lo parezca, porque democratiza fenómenos que antes concernían sólo a un pequeño fragmento de la población.

Hoy, cualquiera en cualquier medio —mientras tenga un celular— puede andar por ahí escuchando toda la música que se le antoje y puede tomar fotografías, hacer películas, etcétera. Yo creo que la escuela tiene que integrar eso, es eso lo que habrá que trabajar en este siglo, la escuela tendrá que integrar estas nuevas tecnologías, pero las aspiraciones están aquí.

No hay que tener una forzosamente una visión negativa de la sociedad de consumo, tiene muchos, muchos vicios, pero no solamente tiene vicios. En particular es una sociedad que difundió el gusto por lo bello, a las personas le gusta ver, incluso cuando no tienen mucha cultura, van a museos y son curiosas de las cosas bellas, mientras que antes no era normal, esto no era así.

 

SI y JB: ¿Cuáles son los retos de la educación superior en este momento y en el futuro?

GL: Yo diría que es un desafío fundamental. En la hipermodernidad todo mundo tiene la sensación de que el mundo en el cual nos encontramos se escapa a nuestro poder. Sufrimos las crisis, nos caen encima, tenemos la sensación de que son los grupos financieros del capitalismo los que dictan las cosas y que el poder del Estado es débil. Claramente vemos cómo los Estados corrigen, pero después no logran corregir con anticipación, por ejemplo el desafío climático. ¿Quién podría organizar y reaccionar realmente todo esto a escala planetaria?

Entonces tenemos una sensación de desposesión, de enajenamiento, que de hecho pone en cuestión la democracia. Porque la democracia es el poder del pueblo y ya no es así, ahora es la economía la que tiene el poder, la que nos dirige; el liberalismo dominante es el que lleva el pueblo. La educación tiene el mérito de ser un ámbito en el que sentimos que tenemos alguna especie de poder; educar tal vez sea posible. Por el contrario, sentimos que no tenemos los medios suficientes para detener una crisis financiera. Pero basta con ser padre o ser profesor para tener un impacto inmediato, es un aspecto que no hay que despreciar porque es allí donde tenemos poder. La educación es un ámbito en el cual la libertad humana parece tener todavía un gran poder.

Segunda observación: El hombre, el ser humano es el fruto de su organización genética. Pero como todo mundo sabe, la genética humana no da lugar a un ser humano. El ser humano es el producto de un encuentro entre la genética y la educación. La educación forma a un ser humano y ahí todo está abierto.

Desde la época del hombre de Neandertal, el ser humano ha evolucionado y a partir de cierto momento ya no evolucionó biológicamente. En cambio, la educación creó una enorme cantidad de sociedades humanas, hay un campo de experimentación enorme en ese sentido, tal vez no infinito pero sí considerable. Es considerable lo que podemos hacer.

Tercera observación: Sabemos que el destino de la humanidad se va a jugar en la esfera de lo que llamamos “la tecnociencia”. La época en la que podíamos pensar en que el destino de la humanidad estaba entre las manos de Dios, es una idea que ya no convence a mucha gente, pues esa época ya pasó. En la actualidad, los desafíos del trabajo, el bienestar, la salud, la protección del clima no serán resueltos por la religión. Es el genio de los científicos el que va a tener que inventar los dispositivos y prolongar la conquista de la aventura humana.

Esto quiere decir que la educación no es un fenómeno periférico, sino que es un fenómeno absolutamente crucial. Porque no va a haber ninguna solución a los problemas fundamentales de la humanidad sin la potencia de la razón. Y cuando digo razón hablo de la racionalidad científica, y la racionalidad científica tiene un precio porque hay que invertir, hay que formar profesores, hay que crear laboratorios, hay que formar a las generaciones.

Y finalmente, he insistido mucho en la inversión de las técnicas y en las ciencias, pero hay otros ámbitos. El hombre no es solamente un ser de razón, es también un ser de sensibilidad. El gusto por las artes, por la belleza, la búsqueda de sensaciones, es algo que va a conquistar al planeta completo, porque la gente tiene acceso a la información, a la música, a las películas y todo eso cambia el gusto de los seres humanos.

Vemos pasión por descubrir las bellezas de la humanidad y también hay cada vez más el gusto por hacer cosas: música, danza, escribir, hacer películas. Creo que la educación debe tomar esto en cuenta. Tenemos que inventar dispositivos para que la humanidad del mañana no sea únicamente una humanidad de tipo consumista y tenemos que favorecer esta creatividad. La educación del futuro tendría que invertir en los polos opuestos, tanto en las ciencias exactas como en la creatividad y la expresividad para que el trabajo de la humanidad no se reduzca a un bienestar material, sino para que tengamos más calidad de vida.

La calidad de vida es algo que me parece uno de los ideales de la humanidad, el ser humano no existe solamente para comer, en una perspectiva humanista puede también tener una idea superior. El humanismo no es solamente sobrevivir sino vivir bien. Vivir nada más no es solamente un ideal, sino una exigencia primaria. Un ideal actual, que tiene cierta nobleza en la época hipermoderna, es la calidad de vida.

Ahora podemos preguntarnos si la calidad de vida puede ser otorgada sólo por las tecnologías avanzadas. No es tan seguro. También necesitamos una serie de actitudes y obras que estén relacionadas con nuestra sensibilidad. En Estados Unidos se dieron cuenta de que crear escuelas de cine, para aprender a escribir películas y otras formas de expresión, impacta positivamente en la economía. Todo esto es circular.

 

Karla Tenorio: ¿Cuál será el factor de motivación para los jóvenes de esta hipermodernidad?

GL: Se ha desarrollado mucho la idea de que las sociedades contemporáneas se caracterizaban por la muerte de las utopías. Porque la modernidad se construyó por las grandes utopías, la sociedad sin clases, la revolución, el nacionalismo. La hipermodernidad es justamente el desvanecimiento de todas estas utopías, ya nadie cree en eso.

¿Quiere decir esto que ya no hay utopías, sueños y, por lo tanto, grandes motivaciones para las nuevas generaciones? Bueno, yo no lo creo, para nada. Creo que estamos asistiendo al desvanecimiento de las grandes utopías colectivas macroscópicas. Pero simultáneamente se está dando una multiplicación de los proyectos de las esperanzas basadas en lo individual o en los pequeños grupos, y en ese ámbito hay muchas motivaciones.

Para dar un ejemplo, hay jóvenes que se comprometen con causas humanitarias, van y ayudan a alfabetizar en África. Conozco de hecho jóvenes médicos que están muy motivados para eso, que van a curar a gente a otros países, está lo humanitario. Otro gran factor de motivación, un segundo ámbito, es la ecología, y ahí hay mucho que hacer, sobre todo en América Latina. Hay otras causas, en la actualidad en este capitalismo, conquistador, invasor y dominante, hay otro conjunto de motivaciones. Por ejemplo, las personas que crean sus empresas. No podemos juzgar la validez de esto, la gente opta por la creación de start up´s, creaciones de un individuo o de un pequeño grupo, ideas puestas en practica, a veces el resultado es magnifico.

Cuando pensamos en lo que fue Facebook o lo que fue Google, las hicieron personas que partieron de algo pequeño, cosas hechas desde una gran motivación, a pesar de que la sociedad hiperconsumista tiene límites. El hiperconsumo no puede satisfacer completamente a la gente, por eso los jóvenes hacen fotografía, danza, teatro, escriben blogs. Hay una gran necesidad, una gran exigencia de expresión corporal, de realizar cosas. Yo creo que esa es una motivación para el futuro, el que la gente tenga ganas de realizar lo que ama. Creo que no hay que tener una lectura pesimista a ese nivel en cuanto a la hipermodernidad, hay muchas motivaciones.

México, 19 de agosto de 2013

 

 

Notas

1 Jacob Bañuelos es profesor investigador del Departamento de Estudios Culturales del Tecnológico de Monterrey, Campus Ciudad de México. Doctor en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid.

Inés Sáenz es profesora investigadora del Departamento de Estudios Humanísticos del Tecnológico de Monterrey-Campus Ciudad de México. Directora del Doctorado en Humanidades de la misma institución. Doctora en Letras Hispánicas por la Universidad de Pennsylvania.

Karla Tenorio es estudiante de Periodismo y Medios de Información del Tecnológico de Monterrey-Campus Ciudad de México.