
Tejer visibilidad: activismos indígenas y disputas por derechos lingüísticos en territorios híbridos
Virtualis. Revista de cultura digital
Tecnológico de Monterrey, Dirección de Investigación de la Escuela de Humanidades y EducaciónEste artículo analiza formas
contemporáneas de activismo indígena, particularmente vinculadas a la
disputa por derechos lingüísticos en contextos de creciente
digitalización de la vida social. Desde una articulación entre estudios
de comunicación, antropología digital y estudios sobre activismos,
propone las nociones de territorios híbridos y el carácter interfacial
de ciertas prácticas activistas. A partir del caso de la campaña por
derechos lingüísticos indígenas, impulsada en el marco del Censo
Nacional 2022 en Argentina, se analiza cómo estas prácticas articulan
escalas locales, nacionales y translocales, traducen demandas
territorialmente situadas a lenguajes estadísticos y mediáticos, y
disputan públicamente el reconocimiento de las lenguas indígenas como
derechos colectivos. Asimismo, identifica tensiones asociadas a
desigualdades infraestructurales, simplificación discursiva y riesgos
diferenciales de exposición pública.

Desde las dos últimas décadas del siglo XX, distintas organizaciones
y comunidades indígenas en Argentina comenzaron a disputar las
condiciones de su participación en los espacios públicos mediatizados
(Lizondo, L., y Doyle, M. M. (2023). Estudios sobre comunicación indígena en Argentina. En L. Lizondo y M. M. Doyle (Eds.), (pp. 15–24). Friedrich Ebert Stiftung.Lizondo y Doyle, 2023). Así, la comunicación indígena comenzó a
configurarse como una dimensión central de procesos etnopolíticos más
amplios, vinculados a las disputas por la propiedad comunitaria y el
cuidado de los territorios, la autodeterminación y la soberanía
comunicacional (Magallanes-Blanco, C. (2023). Comunicación indígena en América Latina: una mirada desde publicaciones académicas. En L. Lizondo y M. M. Doyle (Eds.), (pp. 25-43). Friedrich Ebert Stiftung.Magallanes, 2023). En el contexto de una creciente
centralidad de los medios en la configuración de la arquitectura del
espacio público (Caletti, S. (2000). Quién dijo República. Notas para un análisis de la escena pública contemporánea”. n° 10, pp.15-58.Caletti, 2000), impulsaron experiencias propias de
comunicación en radios, producciones audiovisuales, agencias
informativas y proyectos digitales, al tiempo que comenzaron a
intervenir en debates públicos vinculados a la regulación de los
sistemas de medios. Particularmente, el debate de la Ley de Servicios de
Comunicación Audiovisual (LSCA) en 2009 constituyó un momento de fuerte
visibilización política, en el que distintas organizaciones indígenas
irrumpieron públicamente demandando ser reconocidas como sujetos
colectivos de derecho dentro de las políticas de comunicación.

A la vez, en trabajos previos sobre radios indígenas y comunitarias
en Argentina, hemos señalado que estos medios constituyen
territorialidades comunicacionales donde no solo se difunden demandas de
distintos derechos, sino donde esos derechos también se ejercen
cotidianamente (Doyle, M. (2023). Sobre la comunicación indígena, los espacios públicos y los medios. En L. Lizondo y M. M. Doyle (Eds.), (pp. 223–228). Programa de Medios y Comunicación de la Friedrich Ebert Stiftung para América Latina y el Caribe.Doyle, 2023). Desde esta perspectiva, la comunicación no
puede ser comprendida desde una mirada meramente instrumental ni los
espacios públicos como escenarios donde ocurren las luchas sociales.
Interesa, en cambio, pensarlos como espacios constitutivos y
constituyentes de esas disputas, donde se producen, ejercen y redefinen
derechos y formas de visibilidad.

En los últimos años, y especialmente con la aceleración de los
procesos de digitalización durante la pandemia de COVID-19, estas
disputas comenzaron a involucrar la articulación de plataformas
digitales, medios analógicos, irrupciones públicas en territorialidades
urbanas y prácticas políticas comunitarias situadas en espacios rurales.
Las luchas indígenas contemporáneas parecen configurarse, cada vez más,
en espacialidades múltiples que se superponen, interactúan y
reconfiguran de manera dinámica. Esto plantea nuevos interrogantes,
tanto conceptuales como metodológicos: ¿cómo comprender estas formas
contemporáneas de territorialidad comunicacional? ¿De qué modo se
ejercen y disputan derechos en esos espacios? ¿Qué actorxs, mediaciones
y desigualdades intervienen en esos procesos? ¿Y cómo abordar
metodológicamente prácticas políticas que se despliegan simultáneamente
en espacialidades con lógicas heterogéneas?

Para abordar estas preguntas, en este artículo recuperamos aportes
desarrollados en el campo de los estudios sobre comunicación, la
antropología digital y los estudios sobre activismos en contextos de
digitalización. A partir de estos desarrollos, proponemos atender al
carácter interfacial de ciertas prácticas activistas contemporáneas,
entendiendo por ello su capacidad de articular espacialidades,
infraestructuras, repertorios, lenguajes y escalas heterogéneas en
procesos de disputa por la visibilidad y la incidencia pública. Más que
definir un tipo específico de activismo, esta noción busca ofrecer una
herramienta analítica para comprender el trabajo político de mediación y
articulación que sostiene parte de las luchas contemporáneas.

Con ese propósito, analizamos el proceso de movilización impulsado
por el Tejido de Profesionales Indígenas y que articuló a organizaciones
indígenas, académicxs, comunicadorxs y diversxs actorxs en torno a la
demanda por la incorporación de una pregunta sobre lenguas indígenas en
el Censo Nacional de Población 2022. A partir de esta experiencia, nos
preguntamos qué rasgos adquieren las prácticas activistas indígenas en
contextos de creciente digitalización de la vida social y en qué medida
pueden comprenderse como prácticas de carácter interfacial: de qué modo
articulan territorialidades comunitarias, plataformas digitales, medios
de comunicación e instituciones estatales; qué mediaciones permiten que
una demanda territorialmente situada alcance circuitos ampliados de
visibilidad pública e interlocución institucional; y qué tensiones y
desigualdades atraviesan esos procesos.

Para abordar estas preguntas desarrollamos una estrategia
metodológica que articula netnografía (Kozinets, R. V. (2020). (3rd ed.). SAGE.Kozinets, 2020), análisis de
redes sociales, minería de datos y análisis de contenido. Esta
combinación metodológica permitió reconstruir tanto las dinámicas de
circulación de la demanda como las articulaciones entre actorxs,
espacialidades y repertorios de acción que sostuvieron la campaña. A
partir de ello, analizamos: a) las territorialidades híbridas y las
lógicas interfaciales que configuraron este proceso de movilización; b)
las dinámicas relacionales de circulación y mediación en redes
digitales; c) los modos en que los derechos lingüísticos fueron
conceptualizados y ejercidos públicamente; y d) las tensiones,
desigualdades y límites que atraviesan estas formas contemporáneas de
visibilización. De este modo, buscamos aportar tanto a la discusión
conceptual sobre los activismos contemporáneos como al estudio de las
disputas actuales por los derechos lingüísticos y la comunicación
indígena en América Latina.

Los estudios sobre comunicación indígena en América Latina han
planteado que las prácticas comunicacionales de pueblos y organizaciones
indígenas se emplazan y forman parte de procesos más amplios de disputa
por el reconocimiento, las autonomías y los derechos territoriales
(Yanniello, F. (2014). . Ediciones La Caracola.Yanniello, 2014; Lizondo, L., y Doyle, M. M. (2023). Estudios sobre comunicación indígena en Argentina. En L. Lizondo y M. M. Doyle (Eds.), (pp. 15–24). Friedrich Ebert Stiftung.Lizondo y Doyle, 2023; Magallanes-Blanco, C. (2023). Comunicación indígena en América Latina: una mirada desde publicaciones académicas. En L. Lizondo y M. M. Doyle (Eds.), (pp. 25-43). Friedrich Ebert Stiftung.Magallanes-Blanco, 2023; Nava Morales, E., Gitahy de Figueiredo, G., y Vaz Filho, F. (comps.). (2024). . Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Sociales.Nava
Morales, Gitahy de Figueiredo y Vaz Filho, 2024, entre otroxs).
Específicamente, en el marco de esos procesos, estas prácticas disputan
narrativas y también condiciones y modalidades de ejercicio del derecho
a la comunicación, a la vez que contribuyen a procesos fortalecimiento
organizativo, en el marco de la apropiación de tecnologías que
reconfiguran las posibilidades de intervención pública de los pueblos
indígenas (Nava Morales, E., Gitahy de Figueiredo, G., y Vaz Filho, F. (comps.). (2024). . Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Sociales.Nava Morales, Gitahy de Figueiredo y Vaz Filho, 2024). Así,
estos trabajos permiten reconocer que la comunicación indígena
constituye un campo de acción política desde el cual se disputan tanto
narrativas públicas como condiciones de participación.

A su vez, un segundo conjunto de antecedentes relevantes en el marco
de este artículo ha abordado las transformaciones de los activismos en
contextos de digitalización, cuestionando las miradas instrumentales o
tecnodeterministas sobre las tecnologías digitales y atendiendo a las
articulaciones entre plataformas, medios, infraestructuras, repertorios
y organizaciones (Treré, E. (2020). . Friedrich Ebert Stiftung.Treré, 2020; Barranquero, A. (2021). Activismo, medios y tecnologías: Un cuestionamiento del fetichismo digital en los movimientos sociales contemporáneos. (3), e2439. Barranquero, 2021; Martens, H., Venegas, M., y Sharupi Tapuy, A. (2022). . Universidad San Francisco de Quito.Martens, Venegas y
Sharupi Tapuy, 2022). En relación con pueblos indígenas, estos aportes
resultan relevantes para comprender cómo las prácticas comunicacionales
se despliegan, a su vez, en entornos digitales atravesados por
desigualdades de conectividad, visibilidad algorítmica, acceso a
recursos técnicos y formas específicas de exposición pública (Müller, A., y Ortega Portal, C. (2022). Redes, conectividad y comunicación desde el norte argentino: conocimientos desde una perspectiva situada. (13), 64–93.Müller y
Ortega Portal, 2022; Grillo, Grillo, O. (2013). . Editorial Al Margen.2013, Grillo, O. (2023). Notas para la comprensión de las prácticas mediáticas del activismo mapuche. En Liliana Lizondo y María Magdalena Doyle (Eds.), (pp. 159–174). Friedrich Ebert Stiftung.2023; Doyle, M. M. y Cabral, C. (2023). [Informe de consultoría]. FGER/ALER.Doyle y Cabral, 2023; Venier, E. (2024). Desigualdades digitales en las comunidades indígenas del norte de Salta, Argentina. , 79–102.Venier,
2024; Doyle, M. M., y Ortega, M. (2025). Las radios indígenas en Latinoamérica: una mirada etnográfica sobre los actores, tramas y espacios. En Ernesto Lamas (Coord.), (pp. 139–151). Programa de Medios y Comunicación de la Friedrich Ebert Stiftung para América Latina y el Caribe.Doyle y Ortega, 2025).

Finalmente, distintos estudios sobre derechos lingüísticos,
activismos y visibilidad etnolingüística han mostrado que las lenguas
indígenas son centrales en las disputas por reconocimiento,
autodeterminación, acceso a derechos, políticas públicas y participación
política. Desde esta perspectiva, los activismos lingüísticos forman
parte de procesos más amplios de reivindicación colectiva, en los que la
defensa de las lenguas se articula con las luchas por el territorio, la
educación intercultural y los reconocimientos de los pueblos indígenas
(Cúneo, P., Messineo, C., y Tacconi, T. (2023). . En A. Balazote y S. Valverde (Comps.), (pp. 65–93). Editorial de la Imprenta del Congreso de la Nación.Cúneo, Messineo y Tacconi, 2023; Nercesian, V. (2019). Activismo lingüístico y documentación del wichí (mataguaya). En L. Golluscio, P. Pacor, F. Ciccone, y M. Krasan (Comps.), (pp. 261–287). Eudeba.Nercesian, 2019). En esa línea,
Nercesian (Nercesian, V. (2019). Activismo lingüístico y documentación del wichí (mataguaya). En L. Golluscio, P. Pacor, F. Ciccone, y M. Krasan (Comps.), (pp. 261–287). Eudeba.2019) plantea que las iniciativas de documentación,
revitalización y promoción lingüística sólo pueden comprenderse
plenamente si se las inscribe en las relaciones de poder que atraviesan
a los pueblos indígenas y en sus propias prácticas de organización y
militancia. En el contexto de la Argentina reciente, a su vez, estas
discusiones adquirieron una relevancia particular a partir de los
debates sobre derechos lingüísticos y visibilidad estadística de los
pueblos indígenas. Así, De Mauro (De Mauro, S. (2025). Lo que no se nombra, ¿existe? Visibilidad etnolingüística en el Censo 2022 en Argentina. (3). 2025) analiza la incorporación de la
pregunta sobre lenguas indígenas en el Censo Nacional 2022 como un
acontecimiento glotopolítico que amplió las condiciones de
reconocimiento estatal de la diversidad lingüística, al tiempo que
advierte las tensiones que atravesaron ese proceso. En diálogo con estos
antecedentes, en este artículo proponemos detenernos en prácticas
comunicacionales activistas que contribuyeron a construir los derechos
lingüísticos como demanda en el espacio público, mostrando cómo la
articulación entre organizaciones indígenas, medios propios, plataformas
digitales y otrxs actorxs contribuyó a la configuración, circulación,
legitimación y ampliación de ese reclamo.

Un punto de partida de este artículo consiste en reconocer que las
prácticas activistas no se circunscriben a una única espacialidad de
intervención, sino que se despliegan simultáneamente en
territorialidades comunitarias, medios de comunicación, plataformas
digitales, instituciones estatales y otros ámbitos de acción pública
(Treré, 2023). En ese sentido, comprenderlas exige atender a las
mediaciones e infraestructuras mediante las cuales esas prácticas ponen
en relación espacialidades heterogéneas y configuran condiciones
específicas de circulación, visibilidad e incidencia pública. Esta
perspectiva, entendemos, es relevante para el estudio de los activismos
indígenas, históricamente configurados en, desde y por territorialidades
comunitarias (Álvarez Ávila, C., Bompadre, J. M., y Doyle, M. (2019). Territorio es donde hay lucha: sentidos sobre los territorios urbanos y rurales. . Ávila, Bompadre y Doyle, 2019), pero crecientemente
involucrados en procesos de articulación con otros espacios de
intervención política.

Para abordar esas articulaciones, resulta productiva la noción de
ecosistema comunicativo, en tanto permite comprenderlas no como
conexiones circunstanciales entre espacios diferenciados, sino como
parte de una trama relacional más amplia de mediaciones, prácticas e
interdependencias. Recuperando los aportes de Martín-Barbero (Martín-Barbero, J. (2002). . Norma.2002),
esta perspectiva orienta a pensar la comunicación más allá de los
soportes, atendiendo a las prácticas y, simultáneamente, a las
transformaciones culturales, tecnológicas y perceptivas que reconfiguran
las formas de interacción social. En esa línea, Gutiérrez (Gutiérrez, E. (2005). Televisión y escuela: comprender el ecosistema comunicativo. . 2005) señala
que un ecosistema comunicativo no remite simplemente a un conjunto de
tecnologías o actorxs, sino a una trama de dinámicas, procesos e
intercambios entre múltiples componentes. Se trata de una construcción
histórica y cultural, configurada por prácticas, lenguajes,
dispositivos, instituciones, relaciones sociales y formas de
mediación.

En este marco, la noción de sistema mediático híbrido desarrollada
por Chadwick (Chadwick, A. (2017). . Oxford University Press.2017) contribuye a precisar una forma contemporánea de
configuración de esos ecosistemas comunicativos. Su aporte no consiste
únicamente en señalar la coexistencia entre viejos y nuevos medios, sino
en mostrar cómo lógicas mediáticas heterogéneas se articulan y afectan
mutuamente. Así, la hibridez no refiere simplemente a la coexistencia de
distintas tecnologías sino a la trama de infraestructuras,
temporalidades y repertorios de acción que configuran la circulación
pública contemporánea. En este sentido, tanto Chadwick como Treré (Treré, E. (2020). . Friedrich Ebert Stiftung.2020)
permiten cuestionar oposiciones simplificadoras entre
Ahora bien, entendemos que para el estudio de activismos indígenas,
estas nociones requieren articularse a su vez con una comprensión
territorial de la comunicación. Si la idea de ecosistema permite
comprender la trama relacional de mediaciones, tecnologías e
interdependencias que configuran la circulación pública de sentidos, la
noción de territorio introduce una pregunta complementaria: la
politicidad de los espacios en los que esas disputas ocurren (Álvarez Ávila, C., Bompadre, J. M., y Doyle, M. (2019). Territorio es donde hay lucha: sentidos sobre los territorios urbanos y rurales. . Ávila,
Bompadre y Doyle, 2019). Esto supone atender no solo a cómo circulan
contenidos y se articulan actorxs, sino también a cómo se producen y
cuestionan las condiciones de aparición pública.

En trabajos previos hemos propuesto pensar la comunicación pública
como un territorio socialmente construido y disputado (Doyle, M. (2012). La comunicación pública, un territorio en disputa. En Asociación Latinoamericana de Educación y Comunicación Popular (Ed.), (pp. 12–21). Editorial Universitaria Abya Yala.Doyle, 2012).
Desde esta perspectiva, el territorio no remite exclusivamente a una
delimitación geográfica o soporte material, sino a una configuración
relacional atravesada por modalidades de poder, formas de
inteligibilidad y disputas por la visibilidad pública. Supone
apropiación, delimitación, identificación, uso y confrontación; no
existe como dato previo, sino que se constituye políticamente en las
prácticas que buscan habitarlo y disputar sus fronteras.

La productividad de articular ambas nociones no radica en nombrar un
mismo fenómeno con conceptos diferentes, sino en combinar dos entradas
analíticas complementarias. Mientras la noción de ecosistema
comunicativo permite comprender las relaciones e infraestructuras que
configuran la circulación pública contemporánea, la noción de territorio
nos permite enfatizar los modos en que esas relaciones se constituyen en
disputas por narrativas y condiciones de reconocimiento, legitimidad y
visibilidad. En el caso de los activismos indígenas, esta distinción
resulta especialmente relevante, dado que sus intervenciones públicas
implican no solo circulación comunicacional, sino disputas por el
derecho mismo a enunciar(se) en espacios históricamente configurados
desde relaciones coloniales de exclusión.

Por ello, proponemos la noción de territorios híbridos para
referirnos a espacialidades comunicacionales producidas relacional y
políticamente mediante prácticas que articulan territorialidades
comunitarias, medios de comunicación, plataformas digitales,
instituciones estatales y otros ámbitos de intervención pública. La
hibridez no alude aquí únicamente a la coexistencia entre dimensiones
físicas y digitales, sino a la producción de espacios de disputa donde
confluyen y se reconfiguran, de manera situada, escalas,
infraestructuras y formas heterogéneas de acción política.

Si el apartado anterior nos permitió caracterizar las condiciones
espaciales y comunicacionales en las que se despliegan estos activismos,
interesa ahora detenernos en una dimensión específica de esas prácticas:
su carácter interfacial. Con esta expresión nos referimos al trabajo
político de mediación, articulación y traducción mediante el cual
determinadas prácticas activistas enlazan actorxs, códigos,
infraestructuras y escalas heterogéneas.

Esta propuesta dialoga con la perspectiva ecológica desarrollada por
Treré (Treré, E. (2020). . Friedrich Ebert Stiftung.2020), que invita a comprender los activismos no desde una
relación instrumental con las tecnologías digitales, sino a partir de
las articulaciones entre múltiples medios, prácticas, infraestructuras y
formas organizativas. En esa misma línea, distintos autores han
advertido sobre los límites de los enfoques tecnodeterministas para el
estudio de la acción colectiva contemporánea (Barranquero, A. (2021). Activismo, medios y tecnologías: Un cuestionamiento del fetichismo digital en los movimientos sociales contemporáneos. (3), e2439. Barranquero, 2021; Martens, H., Venegas, M., y Sharupi Tapuy, A. (2022). . Universidad San Francisco de Quito.Martens, Venegas y Sharupi Tapuy, 2022).

Retomando ese enfoque, nos interesa observar aquellas prácticas que
ponen en relación actorxs, infraestructuras y formas de intervención
situadas en territorialidades comunitarias, medios de comunicación,
plataformas digitales, espacios urbanos e instituciones estatales. Y,
como señala Lange (Lange, P. G. (2022, November 10). [Conference paper]. American Anthropological Association Meeting, Seattle, WA, United States. 2022), esas espacialidades están, además, signadas
por infraestructuras comunicativas diferenciadas, que condicionan de
manera desigual las posibilidades de acceso, circulación e intervención
pública.

En este sentido, la interfaz no remite exclusivamente a una dimensión
tecnológica, sino a una dinámica relacional y política de mediación.
Desde esta perspectiva, proponemos comprender el carácter interfacial de
determinadas prácticas activistas a partir de cuatro dimensiones
analíticas interrelacionadas:

a) la traducción entre lenguajes, repertorios y formas de enunciación
propias de ámbitos sociales heterogéneos (por ejemplo, cuando rituales,
ceremonias o lenguajes vinculados a ciertos territorios se reconfiguran
en formatos de circulación digital);

b) la articulación entre escalas locales y translocales, mediante
herramientas de circulación ampliada para demandas territorialmente
situadas;

c) la simultaneidad de intervenciones en múltiples espacialidades y
entornos comunicacionales; y

d) la confrontación con desigualdades específicas de cada
espacialidad, que condicionan diferencialmente las posibilidades de
intervención, aunque esas mismas articulaciones busquen desbordar
parcialmente esos límites.

De este modo, más que pensar los activismos contemporáneos únicamente
como expresiones de una tecnopolítica digital, la noción de carácter
interfacial permite enfatizar una dimensión específica de estas
prácticas: su capacidad para articular territorialidades, medios,
plataformas e instituciones desde procesos de mediación, traducción y
circulación que reconfiguran las condiciones de visibilidad,
reconocimiento e incidencia pública.

Emplazado en las perspectivas desarrolladas anteriormente, el estudio
de estos activismos supone desafíos metodológicos específicos, dado que
las prácticas analizadas se despliegan en espacialidades múltiples que
articulan territorios comunitarios, plataformas digitales, medios de
comunicación, espacios urbanos e instituciones estatales. Esto exige
superar dicotomías persistentes entre lo virtual y lo territorial, o
entre lo cuantitativo y lo cualitativo, asumiendo que los entornos
digitales forman parte constitutiva de la vida social y no un ámbito
separado de ella (Pink, S., Horst, H., Postill, J., Hjorth, L., Lewis, T., y Tacchi, J. (2016). . SAGE.Pink et al., 2016; Grillo, O. (2023). Notas para la comprensión de las prácticas mediáticas del activismo mapuche. En Liliana Lizondo y María Magdalena Doyle (Eds.), (pp. 159–174). Friedrich Ebert Stiftung.Grillo, 2023).

Desde esta perspectiva, desarrollamos una estrategia metodológica que
articuló netnografía (Kozinets, R. V. (2020). (3rd ed.). SAGE.Kozinets, 2020), análisis de redes sociales,
minería de datos, web scraping y análisis de contenido. Esta combinación
permitió reconstruir tanto las dinámicas de circulación de la campaña
como las articulaciones entre actorxs, espacialidades y repertorios de
acción. Siguiendo a Kozinets (Kozinets, R. V. (2020). (3rd ed.). SAGE.2020), la investigación se organizó en una
fase exploratoria orientada a identificar actorxs, plataformas,
repertorios y espacios de circulación relevantes en torno a la demanda
por el reconocimiento de los derechos lingüísticos indígenas en el Censo
Nacional 2022.

Entre marzo y agosto de 2025 realizamos observación sistemática de
redes sociodigitales, búsquedas mediante palabras clave y hashtags —como
#ArgentinaPlurilingüe, #LenguasIndígenas, #PueblosOriginarios,
#Censo2022 y #DerechosLingüísticos— y análisis relacional mediante
NodeXL. Complementariamente, desarrollamos un relevamiento mediante web
scraping, implementado en Python sobre Google Colab, con el propósito de
identificar la presencia —o ausencia— de la campaña en medios digitales
nacionales y evaluar su proyección hacia circuitos mediáticos de mayor
alcance.

A partir de esta exploración construimos un corpus integrado por
publicaciones e interacciones producidas entre diciembre de 2020 y junio
de 2022 en torno a la campaña #ArgentinaPlurilingüe. El corpus incluyó
publicaciones de organizaciones indígenas, agencias y medios de
comunicación de y sobre pueblos indígenas, cuentas de activistas y
comunicadorxs indígenas, así como materiales producidos por actorxs no
indígenas que participaron activamente en la circulación de la
demanda.

Sobre este corpus realizamos minería de datos para relevar menciones,
reposts, hashtags, secuencias de interacción y vínculos entre cuentas en
X, Facebook e Instagram, construyendo grafos relacionales para
identificar niveles de centralidad, patrones de amplificación y
posiciones diferenciadas dentro de la red. Este análisis se complementó
con observación sostenida de perfiles e interacciones y con un análisis
de contenido de publicaciones textuales, piezas gráficas, materiales
audiovisuales, hashtags y comentarios. Trabajamos con categorías
vinculadas a derechos lingüísticos, reconocimiento estatal, pluralismo
cultural, racismo estructural, visibilización estadística y memoria
histórica, atendiendo tanto a los temas abordados como a sus modalidades
de enmarcamiento discursivo.

Desde esta perspectiva, las huellas digitales no fueron abordadas
únicamente como datos cuantificables, sino como expresiones situadas de
relaciones sociales, repertorios de acción y formas de construcción
política de la visibilidad. El objetivo fue articular el análisis de
métricas e interacciones con una lectura etnográfica, atendiendo a las
mediaciones, desigualdades y condiciones materiales que atraviesan la
participación digital de los colectivos indígenas.

Durante buena parte de la historia argentina predominaron
representaciones hegemónicas que conciben al país como una nación
cultural y lingüísticamente homogénea, invisibilizando la presencia de
los pueblos indígenas (Gordillo, G., y Hirsch, S. (Eds.). (2010). . La Crujía.Gordillo y Hirsch, 2010). Sin embargo, las
históricas luchas indígenas contribuyeron a cuestionar esas ideas y a
impulsar procesos de reconocimiento jurídico e institucional. Así, desde
la recuperación democrática, se produjeron transformaciones en el plano
jurídico e institucional, entre ellas el reconocimiento constitucional
de la preexistencia étnica y cultural indígena y de diversos derechos
colectivos (Doyle, M., y Soria, S. (2023). Pueblos indígenas y derechos: Hacia la reimaginación de nuestro horizonte democrático. , . Facultad de Ciencias Sociales, Universidad Nacional de Córdoba.Doyle y Soria, 2023). No obstante, estos avances conviven
con desigualdades sociales, territoriales y comunicacionales, y con
disputas en torno a las formas de reconocimiento efectivo y de
participación pública de los pueblos indígenas (Doyle, M., y Soria, S. (2023). Pueblos indígenas y derechos: Hacia la reimaginación de nuestro horizonte democrático. , . Facultad de Ciencias Sociales, Universidad Nacional de Córdoba.Doyle y Soria,
2023).

En el plano sociolingüístico, esta tensión adquiere características
particulares. Si bien numerosas lenguas indígenas se hablan, enseñan y
revitalizan en distintos territorios del país, su presencia en los
dispositivos estatales de producción de información ha sido
históricamente muy limitada. La ausencia de datos sistemáticos sobre
hablantes, usos y vitalidad de estas lenguas restringe las posibilidades
de diseñar políticas lingüísticas y constituye un problema de
reconocimiento público de la diversidad etnolingüística argentina (De Mauro, S. (2025). Lo que no se nombra, ¿existe? Visibilidad etnolingüística en el Censo 2022 en Argentina. (3). De
Mauro, 2025).

Fue en este escenario que, en 2022, se realizó en Argentina el último
Censo Nacional de Población, luego de haber sido postergado por la
pandemia de COVID-19. Y, en ese marco, distintos grupos sociales
plantearon la necesidad de producir visibilidad estadística sobre
poblaciones históricamente subalternizadas (Grillo, O. (2023). Notas para la comprensión de las prácticas mediáticas del activismo mapuche. En Liliana Lizondo y María Magdalena Doyle (Eds.), (pp. 159–174). Friedrich Ebert Stiftung.Grillo, 2023; Campagnoli, M. (2026). Haciéndonos argentin*s a través del censo: Discurso, ontología y colonialidad. En A. Stisman (Ed.), (pp. 85–138). Ediciones Diapasón.Campagnoli,
2026). Particularmente, organizaciones indígenas y activistas por los
derechos lingüísticos impulsaron la incorporación de preguntas sobre
autorreconocimiento y lenguas indígenas (De Mauro, S. (2025). Lo que no se nombra, ¿existe? Visibilidad etnolingüística en el Censo 2022 en Argentina. (3). De Mauro, 2025).

Como parte de esa demanda, se desarrolló una campaña impulsada
inicialmente por colectivos como el Tejido de Profesionales Indígenas y
articulada con organizaciones, académicxs, comunicadorxs y activistas de
distintos territorios, cuyo objetivo central fue la incorporación de
preguntas sobre diversidad lingüística en el Censo.

El análisis de los modos en que se desarrolló esa campaña permite
reconocer algunos indicios respecto de cómo los activismos indígenas
contemporáneos, en este caso organizados en torno a derechos
lingüísticos, operan en territorios híbridos. La campaña involucró
múltiples escalas, actorxs y repertorios de acción colectiva, ya que
entre sus principales acciones reconocemos:

juntada de firmas y adhesiones de organizaciones sociales,
académicas y sindicales, mediante formularios digitales y redes
organizativas territoriales;

campañas de incidencia en redes digitales;

producción y circulación de contenidos en medios comunitarios,
agencias indígenas, medios alternativos y también algunos medios
comerciales;

desarrollo de instancias de debate, como conversatorios y
seminarios, impulsados por organizaciones indígenas -como el Tejido de
Profesionales Indígenas-, con participación de activistas, académicxs e
integrantes de organizaciones indígenas, difundidos también mediante
plataformas digitales y transmisiones en vivo;

intervenciones performáticas en el espacio urbano, entre ellas la
realizada el 5 de septiembre de 2022 frente al edificio del Instituto
Nacional de Estadística y Censo (INDEC), en el marco del Día
Internacional de la Mujer Indígena;

asambleas y encuentros en territorios indígenas, donde se
debatieron las demandas vinculadas al censo, los derechos lingüísticos y
las formas de participación indígena en el operativo censal.

Entendemos que, más que una sumatoria de intervenciones aisladas,
esta campaña configuró un proceso de articulación entre actorxs,
espacialidades, repertorios y formas de mediación diversas, atravesado a
la vez por desigualdades materiales, infraestructurales, lingüísticas y
políticas que condicionan las posibilidades de incidencia pública. Por
ello, en los siguientes apartados analizamos cuatro dimensiones
complementarias: las espacialidades en las que se inscribió la demanda;
las estrategias discursivas mediante las cuales se disputó públicamente
sentidos sobre los derechos lingüísticos; las dinámicas relacionales que
sostuvieron su circulación en distintos espacios; y algunas tensiones y
límites que emergen de las formas contemporáneas de visibilidad.

Atendiendo a las acciones desarrolladas, nos interesa destacar que la
campaña articuló múltiples espacialidades y, por lo tanto, lógicas
comunicacionales heterogéneas. En ese sentido, permite reconocer el
carácter interfacial de las prácticas activistas, en la medida en
atendiendo a su capacidad de enlazar actorxs, códigos, escalas e
infraestructuras diversas.

En términos de espacialidades y lógicas comunicacionales, la campaña
articuló distintos ámbitos:

En suma, entendemos que estas distintas espacialidades no constituyen
ámbitos independientes de intervención, sino que adquieren sentido
precisamente a través de las articulaciones que las prácticas activistas
producen entre ellas.

En primer lugar, observamos procesos de traducción entre
espacialidades, lenguajes y regímenes de visibilidad heterogéneos. La
demanda, construida desde organizaciones y territorios indígenas, fue
planteada tanto en lenguajes estadísticos, jurídicos, mediáticos como
digitales, capaces de circular en distintos ámbitos: formularios de
adhesión, comunicados, notas periodísticas, posteos en redes,
interpelaciones al INDEC y argumentos sobre políticas públicas. Esta
traducción no implicó una simple adaptación formal, sino una operación
política: convertir experiencias históricas de silenciamiento
lingüístico en una demanda que interpelara al Estado, los medios y
públicos más amplios. Así, distintas publicaciones de la campaña
planteaban que la ausencia de información censal volvía invisible las
lenguas indígenas y limitaba la producción de políticas públicas. En una
nota publicada por
En segundo lugar, pero relacionado con lo anterior, reconocemos una
articulación entre escalas locales, nacionales y translocales. La
campaña se emplazó en demandas territorialmente situadas, vinculadas a
procesos concretos de transmisión, revitalización y uso de lenguas
indígenas en comunidades y espacios urbanos diversos, pero logró
proyectarse hacia agendas públicas más amplias en términos geográficos,
mediante dispositivos de circulación digital y mediática. Las
publicaciones relevadas muestran que esa ampliación no implicó un simple
cambio de escala, sino la construcción de conexiones entre actorxs
heterogéneos: organizaciones indígenas, medios comunitarios, agencias
informativas, sindicatos, espacios feministas y figuras públicas. El
análisis de publicaciones e interacciones en redes sociales permite
observar esta articulación en la circulación de hashtags compartidos y
en las menciones dirigidas a y de organismos estatales y referentes
públicos nacionales.

En tercer lugar, advertimos una superposición de capas de
intervención. Algunas acciones operaron simultáneamente como presencia
corporal en el espacio público urbano, acontecimiento mediático,
contenido digital y gesto de interpelación institucional. Por ejemplo,
la performance realizada el 5 de septiembre frente al edificio del INDEC
en el marco del Día Internacional de la Mujer Indígena, resulta
significativa en este sentido: fue una intervención urbana de presencia
corporal, una acción política dirigida al organismo estatal, un
acontecimiento cubierto y difundido por medios y organizaciones, y un
contenido que circuló en redes. Del mismo modo, instancias de producción
argumentativa como conversatorios y conferencias, impulsados por
organizaciones indígenas y espacios aliados, excedieron el formato de
intercambio o debate: funcionaron simultáneamente como momentos de
argumentación política en torno a la demanda, acontecimientos
comunicacionales difundidos mediante transmisiones digitales y
contenidos retomados posteriormente por medios y redes sociales. En
conjunto, ello permite reconocer cómo intervenciones situadas en
espacialidades específicas se proyectaron hacia otros circuitos de
visibilidad, interlocución y disputa pública.

Finalmente, el análisis de la campaña muestra que estas
articulaciones se produjeron en condiciones atravesadas por
desigualdades infraestructurales, lingüísticas, tecnológicas y políticas
propias de cada espacialidad. En los territorios comunitarios, la
reivindicación lingüística se inscribió en procesos históricos de
silenciamiento y revitalización de lenguas indígenas; en los medios y
plataformas, la demanda debió traducirse a formatos, temporalidades y
lenguajes capaces de alcanzar públicos más amplios; y en el plano
institucional, tuvo que volverse legible como problema censal,
estadístico y de política pública. En este sentido, entendemos que las
articulaciones interfaciales no eliminaron las desigualdades, pero
permitieron intervenir parcialmente sobre sus efectos, ampliando la
circulación de la demanda, conectando actorxs diversxs y produciendo
nuevas condiciones de reconocimiento público.

Una primera cuestión que plantear respecto de este punto, y en
relación con el anterior, es que en las distintas espacialidades
movilizadas por la campaña, el derecho al idioma fue simultáneamente un
eje articulador de la demanda y una práctica de ejercicio de derechos.
Ello puede observarse, por ejemplo, en conversatorios y piezas de
difusión impulsados por el Tejido de Profesionales Indígenas y
transmitidos por TeleSISA, donde la reivindicación de la incorporación
de la pregunta censal convivía con el uso de saludos, expresiones y
referencias en distintas lenguas indígenas. Es decir, las lenguas
indígenas no aparecieron solo como objeto de reivindicación política,
sino también como formas de enunciación, de intervención pública y de
producción de visibilidad. A partir de esta doble particularidad –como
eje articulador de la demanda y como práctica de ejercicio de derechos–
interesa analizar los marcos discursivos mediante los cuales la campaña
fundamentó el reclamo y definió los derechos en disputa.

En términos discursivos, la campaña evitó inscribir las lenguas
indígenas en marcos folklorizantes o patrimonialistas, y priorizó un
encuadre vinculado a los derechos humanos y la justicia lingüística.
Así, se posicionó a las lenguas indígenas como dimensión constitutiva de
las disputas contemporáneas por el reconocimiento de los pueblos
indígenas como sujetxs políticxs y culturales. Y la invisibilización
lingüística fue presentada como una expresión histórica de racismo
estructural, negación estatal y exclusión política.

Ello se ve en distintas publicaciones y en piezas de circulación
digital, donde la ausencia de preguntas lingüísticas en el censo fue
presentada como continuidad de procesos históricos de negación de los
pueblos indígenas en la constitución poblacional de la nación. En el
corpus relevado, por ejemplo, se difundían notas tituladas 'Censo 2022:
invisibilizar a las lenguas indígenas también es racismo', y se afirmaba
que la visibilización de las lenguas indígenas y de los nombres de los
pueblos originarios en el Censo 2022 constituía un primer paso para
'salir del negacionismo'.

A partir de esta perspectiva, identificamos al menos tres dimensiones
principales en las que esos derechos fueron públicamente propuestos y
demandados. En primer lugar, se reivindicó el derecho a la visibilidad
estadística, planteando que sin datos no existen condiciones para el
diseño de políticas públicas. La demanda por la incorporación de
preguntas lingüísticas apareció así vinculada a una crítica más amplia a
los modos en que el Estado produce conocimiento sobre la población y, al
hacerlo, define también qué sujetos resultan legibles, reconocibles o
políticamente relevantes. En el corpus, esta cuestión se expresa por
ejemplo en publicaciones que señalaban que el Estado continúa negando a
los pueblos originarios en las estadísticas y que la variable étnica y
la dimensión lingüística no están incorporadas en los sistemas de
información de los ministerios.

En segundo lugar, identificamos una articulación entre derechos
lingüísticos, derecho a la identidad y derecho a la no discriminación.
La propia noción de Argentina plurilingüe disputó la representación
hegemónica de una nación monolingüe y culturalmente uniforme. En este
marco, la campaña no se limitó a demandar reconocimiento institucional,
sino que buscó intervenir sobre los marcos públicos de inteligibilidad
desde los cuales se define qué diversidad resulta visible y qué
identidades pueden ser reconocidas como parte legítima de la comunidad
política nacional.

Finalmente, se reivindicó el derecho a una comunicación plurilingüe,
cuestionando el lugar excluyente del castellano en las formas estatales
y mediáticas de representación nacional. La circulación de testimonios y
consignas en distintas lenguas indígenas, permitió ejercer
performativamente ese derecho en los propios entornos donde se
desplegaba la disputa.

A la vez, parte de los repertorios discursivos articularon
dimensiones institucionales, afectivas y corporales. Una convocatoria,
difundida ante la negativa del INDEC a incorporar la pregunta
lingüística, llamaba a movilizarse 'con nuestras cuerpas, con nuestras
lenguas'. La formulación condensaba así una articulación entre
corporalidad, lengua y protesta pública.

Si en los apartados anteriores nos detuvimos en reconocer parte de
las espacialidades y contenidos discursivos de la campaña, aquí interesa
atender a otra cuestión: algunas de las dinámicas relacionales que
sostuvieron la circulación pública de la demanda en entornos digitales
y, en ello, articulando otras espacialidades. Tal como dijimos,
entendemos que, en contextos de creciente digitalización, las prácticas
activistas no solo incorporan nuevas plataformas de intervención, sino
que tienden a intensificar las articulaciones entre actorxs, repertorios
y circuitos de visibilidad diversos. En ese sentido, más que concebir
las redes sociodigitales como simples canales de difusión, nos interesa
observar cómo en ellas se estructuran relaciones diferenciadas de
producción, amplificación, redistribución e interpelación pública.

A partir del corpus relevado en X/Twitter, Instagram y Facebook,
observamos que los contenidos producidos en el marco de la campaña no
circularon de manera lineal ni se concentraron únicamente en episodios
puntuales de viralización. Por el contrario, identificamos trayectorias
de circulación sostenidas en el tiempo, estructuradas a través de
cadenas de redistribución en las que distintxs actorxs retomaron,
resignificaron y volvieron a poner en circulación materiales producidos
por otros. Este comportamiento se evidencia, por ejemplo, en la
replicación de notas, comunicados y convocatorias inicialmente
difundidos por agencias como Originarios.ar o Nuestras Voces, luego
retomados por múltiples cuentas y organizaciones en distintos momentos.
Más que una lógica de viralización efímera, observamos dinámicas de
amplificación sostenida basadas en prácticas de reposteo, circulación
cruzada y co-visibilización entre actorxs diversxs. En Facebook, estas
dinámicas se expresaron especialmente en la circulación extendida de
convocatorias, adhesiones y debates vinculados a actividades públicas de
la campaña.

El análisis de redes permitió reconocer posiciones diferenciadas
dentro de esta estructura relacional, identificando nodos con mayor
centralidad en la producción, redistribución e interpelación de
contenidos, así como articulaciones entre distintos agrupamientos de
actorxs vinculados a agendas indígenas, medios alternativos,
organizaciones sindicales y espacios vinculados a luchas feministas y de
derechos humanos. Algunxs actorxs concentraron mayor capacidad de
producción y visibilización, configurándose como nodos relevantes en la
circulación pública de la campaña. Entre ellos identificamos agencias y
plataformas indígenas con producción sostenida, pero también actorxs no
indígenas -como medios digitales y organizaciones sindicales, entre
ellas CTA Autónoma, SUTEBA y ATE- que intervinieron tanto en la
producción como en la redistribución de contenidos vinculados a la
demanda. Así, por ejemplo, la campaña por un millón de firmas y la
convocatoria a la performance realizada el 5 de septiembre frente al
INDEC fueron difundidas tanto por organizaciones y agencias indígenas
(como Originarios.ar) como por organizaciones sindicales (la CTA
Autónoma, SUTEBA y Géneros SUTEBA) y medios digitales como Infonews,
evidenciando cómo una misma iniciativa fue puesta en circulación en
circuitos comunicacionales diversos, ampliando el alcance público del
reclamo.

Ello permite reconocer que la visibilidad de la campaña se vinculó a
la capacidad organizativa de los colectivos impulsores y, en diálogo con
ello, a su inserción en entramados relacionales más extensos, donde
otrxs actorxs también contribuyeron a expandir la circulación del
reclamo hacia públicos y escenarios institucionales diversos. Estas
articulaciones, sin embargo, no implicaron condiciones equivalentes de
intervención: mientras algunos espacios contaban con mayores capacidades
de alcance, infraestructura comunicacional o inserción en circuitos
amplificados de visibilidad, otros dependieron precisamente de esas
mediaciones para proyectar públicamente sus demandas.

Junto con lxs actorxs organizacionales, el análisis permitió
identificar también cuentas individuales, de activistas indígenas, con
roles de mediación política dentro de la red. Así, en el corpus relevado
aparecen cuentas de referentxs indígenas que mencionan e interpelan a
organismos estatales y a figuras públicas vinculadas al operativo
censal, como @INDECArgentina, @MarcoLavagna y otras cuentas
institucionales o mediáticas. En este tipo de intervenciones, la
circulación no se orientó únicamente a la difusión entre pares sino
también a la interpelación estratégica de destinatarios institucionales.
Desde esta perspectiva, las redes sociodigitales no operaron solo como
entornos de amplificación, sino también como espacios de
direccionamiento político de la demanda.

En este entramado reconocemos una trama de actorxs con roles
diferenciados pero complementarios: organizaciones indígenas que
construyeron, territorializaron y legitimaron la demanda; medios
comunitarios y agencias indígenas que produjeron narrativas propias;
actorxs sindicales, feministas y de derechos humanos que ampliaron la
capacidad de circulación; y cuentas individuales que funcionaron como
nodos de mediación entre territorios, instituciones y plataformas. En
particular, el corpus permite advertir el papel de mujeres indígenas y
de espacios vinculados a agendas de género a lo largo de toda la campaña
y en momentos específicos de particular activación pública de la misma,
por ejemplos en torno a la performance del 5 de septiembre y a las
acciones de interpelación institucional asociadas.

En conjunto, el análisis muestra que la circulación digital de la
campaña no respondió a dinámicas espontáneas ni homogéneas de difusión,
sino a una estructura relacional sostenida en mediaciones diferenciadas
entre actorxs con condiciones diferentes de producción, amplificación e
interpelación pública. Esta configuración resulta relevante, en parte,
para comprender cómo una demanda situada logró proyectarse hacia
circuitos ampliados de reconocimiento público e incidencia estatal.

El análisis del caso también permite reconocer que la visibilidad
alcanzada por la campaña no estuvo exenta de condicionantes. Como
señalamos previamente, las prácticas activistas que, en los actuales
contextos de digitalización, articulan territorios comunitarios, medios,
plataformas digitales y espacios institucionales, pueden ampliar las
condiciones de circulación pública de una demanda, pero no quedan
exentas de ciertas desigualdades que atraviesan cada una de esas
espacialidades. En ese sentido, nos interesa cerrar esta propuesta de
análisis atendiendo a algunas fricciones que emergen de los materiales
recolectados y a otras que formulamos como hipótesis interpretativas a
partir del trabajo más amplio con activismos indígenas.

En primer lugar, es posible observar una tensión entre ampliación de
la visibilidad y simplificación de la demanda. Las redes sociodigitales
favorecen la circulación de consignas sintéticas, hashtags y piezas
gráficas capaces de interpelar a públicos amplios, pero esa misma lógica
de las redes tiende a privilegiar formulaciones breves y fácilmente
reconocibles. En el caso de la campaña en torno a #ArgentinaPlurilingüe,
esto no anuló la complejidad del reclamo, ya que medios comunitarios,
agencias indígenas y notas extensas permitieron desarrollar argumentos.
Sin embargo, sí permite plantear una tensión analítica más general: la
visibilidad ampliada puede requerir traducciones y condensaciones que no
siempre expresan la complejidad política, territorial e histórica de las
demandas indígenas.

En segundo lugar, identificamos una fricción vinculada a las
desigualdades de acceso y conectividad respecto de las plataformas. En
este caso, la campaña logró articular territorialidades comunitarias con
redes digitales y espacios mediáticos, pero esa articulación no supone
que todxs lxs actorxs involucradxs tengan posibilidades de participar en
iguales condiciones. Como plantean algunos colectivos indígenas, el
tránsito por entornos digitales está restringido por desigualdades en el
acceso a equipamiento, conectividad, saberes técnicos, tiempo disponible
y condiciones materiales para sostener la producción comunicacional
(Müller, A., y Ortega Portal, C. (2022). Redes, conectividad y comunicación desde el norte argentino: conocimientos desde una perspectiva situada. (13), 64–93.Müller y Ortega Portal, 2022; Doyle, M. M. y Cabral, C. (2023). [Informe de consultoría]. FGER/ALER.Doyle y Cabral, 2023; Venier, E. (2024). Desigualdades digitales en las comunidades indígenas del norte de Salta, Argentina. , 79–102.Venier, 2024; Doyle, M. M., y Ortega, M. (2025). Las radios indígenas en Latinoamérica: una mirada etnográfica sobre los actores, tramas y espacios. En Ernesto Lamas (Coord.), (pp. 139–151). Programa de Medios y Comunicación de la Friedrich Ebert Stiftung para América Latina y el Caribe.Doyle
y Ortega, 2025). En la experiencia que analizamos, la centralidad de
ciertas cuentas y organizaciones en la circulación pública permite
inferir que la visibilidad digital dependió en buena medida de
mediadores con capacidad de producción, conectividad y articulación
previa.

En tercer lugar, la campaña permite advertir una tensión entre
reconocimiento institucional y reconocimiento efectivo de derechos. Tal
como plantearon actorxs impulsorxs de la experiencia, la incorporación
de una pregunta censal puede constituir un avance relevante en términos
de visibilidad estadística, pero también puede ser leída, si se la
separa de políticas lingüísticas efectivas, como un gesto de
reconocimiento limitado. En este punto, la propia campaña buscó evitar
una lectura meramente simbólica o patrimonialista de las lenguas
indígenas, insistiendo en su vínculo con derechos, políticas públicas,
racismo estructural y participación indígena en el operativo censal. Por
ello, se entiende que el logro de visibilidad no agota la disputa: abre
un campo de exigibilidad sobre las condiciones estatales,
comunicacionales y territoriales necesarias para sostener esos
derechos.

En cuarto lugar, interesa considerar algunos riesgos asociados a la
exposición pública de las demandas. Si bien el análisis sistemático de
comentarios hostiles no constituyó un eje central de esta investigación,
el relevamiento permitió identificar algunas expresiones puntuales de
deslegitimación hacia la campaña y sus actorxs impulsorxs. Entre ellas,
aparecieron cuestionamientos a la participación de referentes indígenas
asociados a territorios distintos de aquellos en los que se
desarrollaban determinadas actividades; críticas al propio operativo
censal, presentado por algunxs usuarixs de redes como una instancia
basada en percepciones antes que en supuestos criterios 'objetivos'; y
comentarios particularmente hostiles hacia mujeres y diversidades
indígenas participantes de la campaña. Aunque estas expresiones no
aparecen con un volumen que permita caracterizar la recepción pública de
la campaña como hostil, sí puede advertirse una tensión: la ampliación
de la visibilidad pública puede habilitar mayores posibilidades de
reconocimiento e incidencia, pero a la vez exponer las demandas a formas
de deslegitimación, de violencia política y social. En este punto, otros
trabajos sobre activismos indígenas en entornos digitales (Doyle, M. M. y Cabral, C. (2023). [Informe de consultoría]. FGER/ALER.Doyle y
Cabral, 2023) permiten advertir que este tipo de hostilidad
–especialmente cuando intersecta discriminaciones étnicas, disputas
territoriales y desigualdades de género– no constituye una
excepcionalidad, sino un riesgo recurrente al que se ven sometidxs
quienes llevan adelante disputas en esos entornos.

El análisis de la campaña en torno a la inclusión de la pregunta por
la diversidad lingüística en el censo de 2022 permitió producir algunas
interpretaciones sobre cómo esos activismos indígenas vinculados a
derechos lingüísticos configuraron territorialidades híbridas. Más que
una demanda circunscripta a un único entorno o repertorio de acción, la
experiencia permite reconocer una configuración relacional compleja,
sostenida en mediaciones diversas, articulaciones entre actorxs y formas
diferenciadas de circulación pública.

Desde el punto de vista conceptual, entendemos que pensar la
articulación entre las nociones de ecosistema comunicativo, sistema
mediático híbrido y territorio permite una aproximación productiva a la
complejidad de estas prácticas. Mientras la idea de ecosistema permite
comprender las interdependencias entre actorxs, medios, infraestructuras
y mediaciones, la noción de territorio incorpora la dimensión política
de la disputa por las condiciones de aparición pública, apropiación y
reconocimiento. En ese cruce, la experiencia analizada permite reconocer
el carácter interfacial de muchas prácticas activistas contemporáneas:
no como una categoría cerrada o un tipo específico de activismo, sino
como un atributo analítico que permite observar el trabajo político de
articulación entre espacialidades, escalas, lenguajes y regímenes
heterogéneos de visibilidad.

El análisis relacional permitió advertir, además, que la circulación
pública de la campaña no respondió a dinámicas espontáneas u homogéneas
de difusión, sino a mediaciones diferenciadas entre actorxs con
condiciones diferentes de producción, amplificación e interpelación
pública. La visibilidad del reclamo se vinculó con infraestructuras
comunicacionales indígenas y comunitarias y, a la vez, con la
articulación en circuitos mediáticos, sindicales, feministas y de
derechos humanos más amplios. Esto permite matizar lecturas lineales
sobre el activismo digital y atender, en cambio, a configuraciones
relacionales complejas, sostenidas en alianzas, traducciones y
mediaciones estratégicas.

Finalmente, el análisis también permite advertir que estas formas
contemporáneas de visibilidad no suspenden las desigualdades que
atraviesan los distintos entornos donde se disputa el reconocimiento
público. Las asimetrías infraestructurales, lingüísticas, tecnológicas y
políticas no desaparecen en la articulación entre espacialidades;
constituyen, más bien, parte de las condiciones mismas sobre las que
estas prácticas intervienen. En este sentido, más que pensar los
entornos comunicacionales como soportes neutros de la acción colectiva,
proponemos comprenderlos como espacios relacional y políticamente
producidos, cuya configuración forma parte de la propia disputa.

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