García-González and Guedes Bailey: Identidad colectiva en línea en los movimientos sociales por la paz en México. Aproximación crítica desde un análisis en comunicación y cultura digital (2011-2013)

Identidad colectiva en línea en los movimientos sociales por la paz en México. Aproximación crítica desde un análisis en comunicación y cultura digital (2011-2013)

Peace social movements collective identity online in Mexico. A critical approach from communication and digital cultural analysis (2011-2013)


Palabras clave:

Key words:


INTRODUCCIÓN

Después de las elecciones presidenciales en México en el año 2006, cuando el nuevo presidente Felipe Calderón tomó la presidencia mexicana, el ambiente social se caracterizó por una crisis, con una situación de intensa polarización social y numerosos conflictos derivados de las incertidumbres surgidas de una elección que muchos creían fraudulenta.

Posteriormente, Solís (2013) señala que, a finales de diciembre de 2006, surgió el verdadero rostro de la desconcertada población mexicana, el apoyo popular del nuevo gobierno fue frágil. Calderón decidió entonces lanzar -una guerra que generó temor en la sociedad civil mexicana- y dirigió una saturada campaña mediática con discursos políticos que apelaban al nacionalismo y contenían consignas excesivas, con el propósito de obtener apoyo popular entre los ciudadanos mexicanos.

Según Human Rights Watch (2013), las fuerzas de seguridad mexicanas han cometido violaciones generalizadas de los derechos humanos en sus esfuerzos por combatir a grupos poderosos del crimen organizado, incluyendo asesinatos, desapariciones y torturas. Casi ninguno de estos abusos se investiga adecuadamente, exacerbando un clima de violencia e impunidad en muchas partes del país.

El contexto de esta violencia en México, es el compromiso militar contra las drogas y el crimen organizado. Las fuerzas armadas, en el proceso de llevar a cabo actividades de aplicación de la ley, han perpetrado graves violaciones a los derechos humanos. La Comisión Nacional de Derechos Humanos de México (CNDH), informó que entre enero de 2007 y mediados de noviembre de 2012, encontraron 109 casos de miembros del ejército que ejecutaron severas violaciones a los derechos humanos, la comisión recibió 7.350 denuncias de abusos militares.

Según el Informe sobre Desapariciones Forzadas en México (2011, en línea), hay cuatro grupos principales de personas que son particularmente vulnerables a las desapariciones en curso: 1) Periodistas y defensores de los derechos humanos; 2) personas involucradas en algún tipo de militancia política o movimiento social armado; 3) migrantes y 4) personas (especialmente mujeres y jóvenes) que viven en lugares donde la violencia ha aumentado por el choque entre los cuerpos de seguridad nacional o de seguridad pública y grupos de delincuencia organizada.

En este entorno, los periodistas que han cubierto las cuestiones relacionadas con el tráfico de drogas, han sufrido graves persecuciones y ataques. De 2000-2012, murieron 82 periodistas y 16 más desaparecieron, mientras que 32 defensores de los derechos humanos fueron asesinados entre junio de 2012 y mayo de 2014. Los participantes en las redes de medios sociales y las oficinas de noticias también han sido objeto de violencia. Es importante señalar que esto ha sido atribuido con evidencia a la participación de funcionarios estatales en algunos de los casos.

El inicio de 2011 marcó el punto de partida de una movilización general de amplios sectores de la ciudadanía con el movimiento “No más sangre”, dirigido por el caricaturista Eduardo del Río (generalmente conocido con su seudónimo 'Rius'). Esto es cuando la ciudadanía mostró su voluntad de organizarse como agente dentro de la narrativa de los acontecimientos, dejar de ser una víctima y participar en las decisiones (Cervantes, 2012:101).

Es hasta el “Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad” (MPJD), que comenzó a tomar forma a partir del 26 de marzo de 2011, cuando el poeta Javier Sicilia, cuyo hijo Juan Francisco fue asesinado por personas vinculadas al crimen organizado, instó a los mexicanos a denunciar la violencia producida por grupos criminales, en oposición a la violencia creada por las políticas de seguridad del gobierno mexicano.

Desde este contexto, se realizó el análisis de la identidad colectiva en línea de los movimientos por la paz en México. En el primer apartado se explora el concepto de identidad colectiva desde la perspectiva del sociólogo italiano Alberto Melucci (1996), así como las transformaciones de la identidad colectiva dentro de las organizaciones de movimientos en un entorno digital desde la visión de Stekelenburg y Roggeband (2013). Aquí se sostiene como idea central las narrativas personales a través de la identidad y el reemplazo de las identidades grupales como centro de las organizaciones de movimientos sociales. También se incluye el análisis de las emociones de protestas (Goodwin et. al 2001) y los marcos teóricos de la identidad colectiva politizada (Doorns et al. 2013), así como el papel que juega la identidad (Pickerill, 2009:973) en la producción simbólica de los movimientos sociales, y en la experiencia de los individuos como insumo para el marco de la acción colectiva.

Se realiza un análisis de tipo cualitativo que comprende la realización de siete entrevistas semi-estructuradas por medio de la plataforma digital Skype, lo que se complementa con observación de participantes que no están en las redes sociales de internet e informan de los procesos de cómo la identidad colectiva puede ser comunicada y fungir como un medio que da la oportunidad a los grupos de reconfigurar la identidad en sus propios términos: construir su propia historia, reivindicar su propia voz y restablecer su autorretrato como comunidad y cultura a través del “Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad en México” (2011-2013), que a continuación se explica.

LA IDENTIDAD COLECTIVA EN LOS MOVIMIENTOS SOCIALES

El concepto de identidad colectiva es crucial para este artículo, ya que proporciona una forma de abordar la cuestión de cómo se construye una identidad colectiva en los movimientos sociales por la paz en México (2011-2013). Melucci (1996) explica que la identidad colectiva es necesaria para garantizar continuidad y permanencia de un movimiento en el tiempo, y que establece los límites del actor con respecto a su entorno social, regula la membresía de las personas, define los requisitos para unirse al movimiento y los criterios por los cuales sus miembros se reconocen a sí mismos y son reconocidos.

La identidad colectiva es también el proceso de construir un sistema de acción. La identidad colectiva implica que esta sea interactiva y compartida, producida por un número de individuos o grupos, en relación con sus orientaciones para la acción y el campo de oportunidades y límites en los que dicha acción se llevará a cabo. Según Melucci (1996:70): “Estos elementos se construyen y negocian a través de un proceso recurrente de activación de las relaciones que unen a los actores”. Tres componentes de la identidad colectiva son necesarios para el autor:

  1. La identidad colectiva como proceso implica definiciones cognitivas sobre los fines, los medios y el campo de acción. Estos diferentes elementos, o ejes de acción colectiva se definen dentro de un lenguaje que es compartido por una parte o por toda la sociedad, o dentro de uno que es específico de un grupo; se incorporan en un conjunto dado de rituales, prácticas, artefactos culturales; se enmarcan de diferentes maneras, pero siempre permiten algún tipo de cálculo entre medios y fines, inversiones y recompensas.

  2. La identidad colectiva como proceso se refiere a una red de relaciones activas entre actores que interactúan, se comunican, se influencian, negocian y toman decisiones. Las formas de organización y los modelos de liderazgo, los canales de comunicación y las tecnologías de comunicación son partes constitutivas de esta red de relaciones.

  3. Finalmente, se requiere un cierto grado de inversión emocional en la definición de identidad colectiva, que permite a los individuos sentirse parte de una unidad común. (Melucci, 1996: 71).

Stekelenburg y Roggeband (2013: XXII) argumentan que “la formación de identidad colectiva es una condición previa necesaria para la acción y que los activistas despliegan estrategias de identidad con el objetivo de cambiar individuos, cultura, instituciones y el estado”. Por su parte, Diani (1992:16) sugiere que la identidad colectiva puede proporcionar una base persistente, aunque latente para un nuevo resurgimiento de las etapas de movilización: los movimientos sociales a menudo persisten incluso cuando no están activos en el escenario público, una fase de “latencia”. Es importante mencionar que para Stekelenburg y Roggeband (2013), mientras más organizaciones tengan una identidad clara y coherente, más recibirán atención de los medios. Estudios recientes de activismo en Internet sugieren que una de las principales funciones de los repertorios tácticos en línea, consisten en crear solidaridad e identidad colectiva (McCaughey y Ayers, 2003).

Rotes (2013:307) argumenta que el potencial de Internet para crear y mantener una variedad de redes sin ninguna interacción física, ofrece grandes oportunidades para que el activismo se multiplique:

Es menos probable que las identidades de los activistas se desarrollen o refuercen como consecuencia de la participación. [...] Las propias identidades tenderán a ser fluidas y requerirán bastante menos negociación para permitir o alentar la acción de lo que podrían haberlo hecho cuando las identidades y los contextos de interacción que los formaron eran más estables.

De la misma manera, la identidad colectiva permanece en la construcción, el mantenimiento y la renegociación, afectando a los movimientos sociales desde su “aparición hasta los resultados”. Taylor (2013:38) afirma que es relevante “la dimensión cultural de las redes que generan los temas, las cosmovisiones, las ideologías y las prácticas utilizadas para articular la identidad colectiva”. La identidad colectiva ha sido definida por Taylor (2013:39) como la definición compartida de un grupo que se deriva de los intereses comunes y la solidaridad de los miembros:

Conexión emocional con una comunidad, categoría, práctica o institución más amplia [...] Procesos que contribuyen a la formación de identidad colectiva (1) límites que marcan las diferencias entre una categoría de personas y grupos dominantes (2) conciencia de los criterios que explican la posición estructural y los intereses comunes de un grupo, y (3) la politización de las similitudes y diferencias de un grupo a través de la negociación y recreación de nuevas identidades de autoafirmación.

Diani (1992) afirma que la “identidad colectiva” no implica homogeneidad de ideas y orientaciones dentro de las redes de movimiento social. Un amplio espectro de diferentes concepciones puede estar presente, y los conflictos de facciones pueden surgir en cualquier momento. Por lo tanto, la construcción y preservación de la identidad de un movimiento implica un proceso continuo de “realineamiento” y “negociación” entre los actores del movimiento. La presencia de creencias y solidaridades compartidas permite a los actores y observadores asignar un significado común a eventos colectivos específicos que de otro modo no podrían identificarse como parte de un proceso común.

Las emociones son un elemento clave en la construcción de la identidad colectiva y juegan un papel “en la politización de la revelación de identidad colectiva, ya sea a través de formas organizadas de protesta o activismo cotidiano” (Taylor, 2013: 49). Por ejemplo, para los partidarios de la acción directa no violenta, que se hizo influyente en el movimiento pacifista radical en la década de 1940 y los movimientos por los derechos civiles en la década de 1950, el manejo de la emoción era una característica crucial de su identidad colectiva (Goodwin et. al, 2001:3).

Goodwin et al. (2001:11) consideran que el análisis de “las emociones de protesta” parecía una forma de desarrollar una imagen más multifacética de los actores políticos, con una gama más amplia de objetivos y motivaciones, gustos y estilos, dolores y placeres, que los comúnmente reconocidos en la literatura académica.

Los autores consideran como la dinámica emocional, lo que Durkheim llamó “efervescencia colectiva y densidad moral”. Goodwin et al. (2001) lo llamó “alta densidad ritual”. Los elementos son:

  1. La asamblea física de las personas, por lo que existe una conciencia corporal de la co-presencia.

  2. Un foco de atención compartido. Esto puede surgir porque los participantes están llevando a cabo una acción estereotipada (cantar, gesticular, etc.) que se ha vuelto tradicional porque hay una historia previa de dicha participación; o puede desarrollarse espontáneamente, como una primera ocasión, porque algo en las circunstancias ha traído una acción común.

  3. El foco de atención se convierte en un foco de atención mutuo. Cada participante toma conciencia de la conciencia del otro y, por lo tanto, de la unidad de cada uno en este momento (Collins, 2001:27-28).

En la medida en que estos ingredientes están presentes, hay una serie de consecuencias:

  1. Sentimientos de solidaridad grupal.

  2. Energía emocional en participantes individuales, a medida que se llenan de entusiasmo y confianza.

  3. Símbolos del grupo, encapsulando la memoria de la participación colectiva. El contacto con los emblemas de grupo permite a los individuos mantener sus sentimientos de dedicación cuando están lejos del grupo. Llevar adelante tales emblemas ayuda a los iniciadores de una nueva reunión colectiva a desencadenar nuevas ocasiones de atención concentrada. Los comportamientos hacia los emblemas son muestras de respeto por el grupo; por lo tanto, los emblemas son piedras angulares de la lealtad y objetivos para el desafío externo, los puntos focales alrededor de los cuales se generan más fácilmente las confrontaciones con los oponentes.

  4. Sentimientos de moralidad. El grupo emocionalmente solidario genera sus propios estándares de lo correcto y lo incorrecto. El mayor bien se convierte en compromiso con el grupo y sacrificio, del egoísmo individual en su servicio; aquellos que están fuera del grupo, o peor aún, se oponen a él, son etiquetados moralmente como indignos, malvados o inhumanos (Collins, 2001: 27-28).

Un elemento que es necesario para la composición de la identidad colectiva se llama “la identidad colectiva politizada”, que se define como “una forma de identidad colectiva que subyace a las motivaciones explícitas de los miembros del grupo para participar en una lucha de poder” (Doorns et al., 2013: 59). Además, la politización comienza con la conciencia de las quejas compartidas dentro del grupo y debe compartirse ampliamente entre los miembros del grupo (Doorns et al., 2013).

Doorns et al. (2013:61), afirma que los marcos teóricos de la identidad colectiva politizada implican límites, conciencia y negociación. (1) Los límites consisten en el reconocimiento de similitudes dentro de los grupos y diferenciaciones de otros grupos. (2) La conciencia implica la conciencia de la pertenencia al grupo y la comprensión de la posición del grupo dentro de la sociedad, en relación con otros grupos (Doorns et al., 2013). Es importante mencionar que la conciencia es un “paso crítico en el proceso de politización de la identidad colectiva” y es un proceso dinámico. (3) La negociación “involucra el proceso por el cual los grupos trabajan para cambiar los significados simbólicos”, lo que significa que el grupo necesita definir su resistencia a los grupos dominantes.

La negociación tiene lugar en dos niveles. El primer nivel es el entorno privado entre los miembros del colectivo. El segundo nivel es el entorno público, las negociaciones entre el colectivo y una audiencia más amplia (Doorns et al., 2013). Los autores afirman que la politización de las identidades colectivas tiene procesos de múltiples niveles, que involucran dinámicas intra e intergrupales.

El primer nivel del proceso de politización es el macro nivel, donde los indicadores macro-sociales como la clase, el género, la religión, la etnia y las posiciones socioeconómicas que conducen a relaciones de poder desiguales entre grupos dan lugar a posibles quejas de grupos desfavorecidos y dan demandas de compensación de un grupo externo dominante.

El segundo nivel, el meso nivel, posiciona a los organizadores como “los ingenieros de la identidad colectiva politizada”. Los líderes políticos y los organizadores de la protesta intentan influir en el significado de las tijeras sociales. Según Morris y Staggenborg (2006:171), este nivel ubica a “los líderes del movimiento como tomadores de decisiones estratégicas que inspiran y organizan a otros para participar en los movimientos sociales”. Los autores identifican dos funciones de los líderes: el movilizador dentro de su grupo y el articulador fuera del movimiento que vincula su causa a un público más amplio. Los líderes ofrecen marcos, tácticas y vehículos organizacionales que les permiten a los participantes construir una identidad colectiva y participar en acciones colectivas en varios niveles. Al hacerlo, los líderes no solo confían en su atractivo y habilidades personales, sino también en experiencias previas, tradiciones culturales, normas de género, redes sociales y conocimientos familiares organizando formularios. Morris y Staggenborg (2006:180) señalan que el nivel micro se trata de “procesos de creación de significado que tienen lugar en interacciones interpersonales que fortalecen o debilitan los lazos entre los miembros del grupo” (Doorns et al., 2013: 65).

Los grupos también necesitan compartir elementos culturales, comprensiones subjetivas, ideales e identificaciones simbólicas en la búsqueda del cambio. “Los miembros del grupo politizado son conscientes de su membresía grupal compartida, su enemigo común o adversario, y especialmente la lucha social más amplia que se ve afectada por esta lucha de poder”. (Doorns et al., 2013: 66).

La identidad del grupo y los reclamos que se hacen se debaten, impugnan y negocian entre los miembros del grupo. Para Carty y Onyett (2006:234), la clave para forjar la identidad colectiva es cómo los organizadores “enmarcan” sus problemas de una manera que resuena con potenciales reclutas al vincular las quejas de los participantes con las creencias y valores dominantes con la esperanza de influir en la opinión pública y eventos (Snow y Benford, 1992, Benford, 1993). Para movilizar apoyo, los organizadores deben crear objetivos de movimiento simples y concisos pero amplios para atraer a diversos sectores: una estrategia de organización caracterizada por un “marco maestro” (Snow y Benford, 1992, Benford, 1993). Gamson (1992) argumenta que para que un marco pase de la comprensión a la acción motivadora debe tener los elementos de injusticia, identidad y agencia.

Pickerill (2009:973) señala que es probable que la producción simbólica de los movimientos sociales tenga un impacto directo sobre la experiencia de los individuos en sus procesos de construcción de identidad por dos razones. En primer lugar, los marcos se usan explícitamente para crear vínculos entre la causa de los activistas y la capacidad de un individuo para dar sentido a su mundo. Además, la elaboración simbólica debe permitirle a un individuo percibir los costos de la acción como superables y valiosos. Esto se hace en parte al producir una comprensión de la solidaridad colectiva y las experiencias colectivas, que a su vez cambian el sentido del yo de un individuo.

Para Brown y Pickerill (2009), la emoción es desplegada estratégicamente y fomentada por los organizadores para engendrar suficiente compromiso entre los colectivos activistas para mantener su participación continua. Las emociones pueden no solo inspirar y sostener el activismo, sino que pueden moldear las formas de organización y las tácticas de movimiento preferidas de un individuo.

Chadwick (2007) sugiere que los repertorios de la acción colectiva juegan un papel en el mantenimiento de la identidad colectiva. No son simplemente herramientas neutrales para ser adoptadas a voluntad, sino que dan forma a lo que significa ser un participante en una organización política. Los valores forman repertorios de acción colectiva, que a su vez dan forma a la adopción de formas organizacionales específicas. Los movimientos sociales normalmente evitan la jerarquía y dependen de la movilización masiva para lograr su objetivo, apunta porque generalmente han sido excluidos de la participación en canales convencionales o porque deliberadamente han buscado trabajar fuera del sistema para evitar la cooptación. Por lo general, los participantes en los movimientos sociales han fomentado métodos de organización y toma de decisiones que son autoconscientemente no jerárquicos, consensuados y participativos.

Es importante concluir que los elementos antes expuestos sobre la identidad, forman parte de un proceso de construcción de un sistema de acción colectiva; sin embargo, con la llegada de internet y las redes socio-digitales ha habido una transformación en relación a las identidades convirtiéndolas en múltiples, fluidas y/o fragmentadas (Rotes, 2013:300). La velocidad de las tecnologías de comunicación permite el surgimiento de nuevas formas de movilización rápida donde el papel de la identidad desempeña un papel central.

METODOLOGÍA

Para el presente estudio, se realizaron siete entrevistas en línea con activistas. Cada entrevista tuvo una duración aproximada de 45 a 60 minutos. Las entrevistas se realizaron desde diciembre de 2013 hasta enero de 2014 por medio de Skype. El método de selección para las entrevistas inició con el procedimiento al acceso del sitio web “Red Global por la Paz en México del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad”, en donde a través de un correo electrónico creado para la presente investigación, hicimos contacto con los siete activistas, a quienes se les expuso el propósito del estudio y su contribución, desde una perspectiva de Comunicación y Cultura Digital, al fenómeno de prácticas comunicativas de movilizaciones transnacionales mediadas por las redes sociodigitales por la Paz en México.

De la misma manera, consideramos las entrevistas cualitativas como una ventana al mundo cotidiano que pueden generar representaciones e incorporar las voces de los sujetos, reduciendo tanto como sea posible la voz del investigador (Ragin y Amoroso, 1994). En el caso de esta investigación-proyecto, las entrevistas cualitativas proporcionaron un espacio para examinar las visiones en torno a los movimientos por la paz en México. Evans et.al (2008: 320) explican que los usos de las entrevistas en línea no generan los costos de transporte, mientras que Knox y Bukard (2009) y Novick (2011) enfatizan que la realización de entrevistas en línea es una forma de encontrar participantes geográficamente dispersos. Hanna (2012:240) da un énfasis especial en “cómo los beneficios prácticos de programar la entrevista”, y la libertad de cambiar los tiempos en el último minuto, también es ventajosa debido a la variabilidad de las agendas de los participantes de la investigación.

IDENTIDAD COLECTIVA EN LÍNEA EN LOS MOVIMIENTOS SOCIALES POR LA PAZ EN MÉXICO (2011-2013).

La identidad colectiva en este artículo se considera una categoría para el análisis en la medida en que es indispensable en el proceso de construcción de un sistema de acción, y para cualquier garantía de la continuación de los movimientos sociales por la paz en México. Se consideran sus elementos, como las definiciones cognitivas de los fines, los medios y las acciones de campo, y sus lenguajes, rituales, prácticas y artefactos culturales compartidos. También se examinan las formas en que se establecen las relaciones de comunicación, sus canales de comunicación, las negociaciones y las tecnologías de la información y la comunicación. Finalmente, se considerarán las inversiones emocionales en el mantenimiento de la identidad colectiva (Melucci, 1996).

La identidad colectiva puede promoverse a través de Internet en una población distribuida y puede inspirar sensibilidad entre las personas haciéndoles sentir que “son miembros de una comunidad más grande en virtud de las emociones, los agravios y los sentimientos de eficacia que comparten” (Stekelenburg y Boekkooi, 2013:221). La activista Lolita del colectivo Nuestra Aparente Rendición lo expresa de esta forma:

Con internet es posible la promoción. Las madres de los familiares desaparecidos en Monterrey tienen acceso a internet, ya que sin internet no tienen fuerza, este acceso les brinda apoyo. Podemos monitorearlos, para ver si necesitan ayuda, y entonces sabemos a dónde ir. Internet nos da la posibilidad de almacenar información que ninguno de nosotros tiene como seres humanos, y luego podemos hacer cosas como mapear el desaparecido, un trabajo que realizaron miles de voluntarios en la red.

La Figura 1 muestra una imagen de una campaña de solidaridad llamada #AmiMeFaltaRoy, lanzada en Facebook por Fuerzas por Nuestros Desaparecidos(as) en Nuevo León en enero de 2014. El objetivo de la campaña era exigir el regreso de Roy Rivera Hidalgo. La campaña incluyó una manifestación en Monterrey, Nuevo León, recordando que el 11 de enero habían pasado tres años desde su desaparición. Stekelenburg y Boekkooi (2013:221) afirman que “los sitios de redes sociales de internet ofrecen varias oportunidades para exhibir una identidad”, por ejemplo, adoptando o donando un sitio o colocando twibbon (un logotipo) específicamente diseñado para redes sociales, y que ofrecen a las personas la oportunidad de mostrar estos casos.

Campaña de redes sociales #AmiMeFaltaRoy, enero de 2014

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(FUNDEL, Facebook)

Fig. 1

En el caso de #AmiMeFaltaRoy, personas de todo el mundo compartieron una imagen de sí mismos, mostrando solidaridad con la causa. En general, estas acciones “ofrecen a las personas la oportunidad de mostrar visiblemente estos casos a las redes virtuales con las que se identifican” (Stekelenburg y Boekkooi, 2013: 221). Además, para Milán (2011, en línea):

Esta narrativa colectiva estilo hashtag es flexible, en tiempo real y controlada por la multitud. Conecta historias individuales en un contexto más amplio que les da sentido. Esto no es muy diferente del papel desempeñado por los grupos de “la vida real” en relación con la participación individual en un movimiento. A su vez, tiene muy bajo control organizacional.

La forma clásica de organización, como en los viejos movimientos sociales que tenían membresía, se ha transformado en el nuevo escenario de las redes sociales, estableciendo nuevas formas de solidaridad y acción colectiva. Harlow (2012: 210) sostiene que los sitios de redes sociales “fortalecen las identidades colectivas, lo que potencialmente podría conducir a formas de acción colectiva que podrían no haber ocurrido si no hubiera sido por los sitios de redes sociales en primer lugar”.

De la misma forma, para Barassi (2013), el tema de la identidad es central en la comprensión de la conexión entre las redes sociales y las protestas masivas. Milan (2011, en línea) afirma que “cualquiera puede identificarse fácilmente con la red de personas involucradas en las protestas, ya que la identidad colectiva se basa en el mínimo común denominador y eslóganes efímeros de 140 caracteres en lugar de fortalezas ideológicas”. El activista Alberto expresa estas ideas, diciendo que:

La creación de hashtags, lemas o términos asociados, se organizan no bajo una persona, sino que son el resultado de esta convergencia de ideas. Los lemas o hashtags son los articuladores donde se realiza el objetivo encarnado a través de la solidaridad y se manifiesta con un lema, no necesariamente un concepto claro que delinee una acción conjunta. Los eslóganes que contienen los nombres de los movimientos por la paz con dignidad efectivamente auto-organizados.

Para Snurb (2014, en línea), el hashtag como herramienta de protesta apoya la expresión de una identidad colectiva, permite más que una simple distribución de información y la conducción de la discusión:

Las personas tienen una conexión compartida, determinada por lo que les importa; medios de comunicación social proporcionar una resonancia compartida, y tuitear y re-tuitear ayuda a negociar lo que significa ser parte de este movimiento, que se caracteriza por múltiples voces y valores múltiples.

Sin embargo, en la perspectiva crítica sobre el poder de internet como medio de protesta, Joss Hands (2011) argumenta sobre la inexistencia de los milagros o la llamada inteligencia colectiva en las redes sociodigitales, donde se parte del supuesto de que las personas con un click se conectan y liberan. El autor considera que hay fragilidad en algunas de las alianzas políticas construidas en línea. En la misma línea, autores como Zuckerman (2010), Gladwell (2010) y Morozov (2009) han examinado el fracaso de la tecnología disponible para proteger a algunos activistas de internet de la vigilancia gubernamental.

Gráfico de hashtags relacionados con la movilización por la paz en México 20111.

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Fig. 2

La figura anterior, creada desde la página Hashtagify.me, con el #EstamosHastaLaMadre, muestra los principales hashtags relacionados con las movilizaciones por la paz en México entre 2011-2015, tales como: #nomasangre, #JavierSicilia, #MarchaPorLaPaz, #EstamosHastaLaMadre, #caravanausa, #8demayo y, desde 2014, #AyotzinapaSomosTodos. Este último hashtag apareció ya que la exploración en este texto fue el 17 de noviembre de 2015, por lo que es preciso señalar que no se analizó el movimiento social relacionado a la desaparición de los 43 estudiantes normalistas. Alrededor de estos hashtags hay historias de apoyo, invitaciones a manifestaciones por la paz, reclamos de justicia, etc., en torno a las diferentes voces de solidaridad.

Para Rotes (2013:300), la identidad ha sido renovada bajo el impacto de cambios sociales y tecnológicos, lo que significa que la identidad se ha convertido: “múltiple, fluida o fragmentada, se puede dudar si la identidad es aún un aglutinante capaz de movimientos juntos”. La activista Sabina argumenta que:

Cuando uno lo toma en serio, hay menos liquidez en los límites de las identidades. Si es verdad que estas fronteras son muy porosas, creando identidades con compromisos dobles, no veo un problema. Si la agenda se convierte en Alemania-México, lo veo como un signo positivo de comprensión. Si el compromiso es claro, uno puede usar muchas gorras.

Para Bailey (2008), internet como medio alternativo también brinda la oportunidad a los grupos de reconfigurar la identidad en sus propios términos, crear su propia historia, recuperar su propia voz y reconstruir su autorretrato como comunidad y cultura. Los mexicanos por la paz en México desde Suiza, a través de los activistas Carlos y Hermes, explican esta idea. El primero comenta:

Usando estas plataformas, es muy fácil encontrar personas interesadas y alentarlas a ser partícipes del cambio, con el objetivo de mejorar las condiciones de nuestra nación, e informar a otros para difundir la ideología de una nueva forma de pensar y actuar para nuestro propio bien. Lo que queremos es intervenir y no imponer, no imponer nada, sino proponer nuestros puntos de vista y nuestras explicaciones de lo que tenemos que hacer como mexicanos en el exterior.

Hermes abunda en el tema:

Internet, ya sea a través de redes sociales, el portal digital de la NAR o la comunicación de Facebook, es el canal de comunicación para defender nuestras ideas, organizarnos para diseminar nuestras ideas para construir la paz y contrarrestar las ideas que el estado inventa como excusa la violencia y la idea de que solo se debe hablar de violencia cuando sea conveniente para los grupos poderosos.

Para Beutz (2009: 227), la construcción de la identidad colectiva depende de la capacidad del grupo para crear un “sistema de definición compartido” a través de revisiones de “auto-reevaluaciones de experiencias compartidas, oportunidades compartidas e intereses compartidos”. La expansión de dicho sistema de definición compartida requiere el tipo de comunicación que se produce en grupos pequeños. El activista Roberto explica esta construcción de identidad colectiva, diciendo que:

En el caso del movimiento, ha sido importante mantener una identidad. El encuentro entre las víctimas de México y Estados Unidos fue tan importante para esta identidad porque esta reunión fue como mirar en el espejo a las víctimas que han sufrido. Cuando los estadounidenses se reunieron con las víctimas de México, aunque no hablaban el mismo idioma, entendieron el dolor. Cuando descubrieron, por ejemplo, que sus parientes habían sido asesinados con el mismo tipo de arma, se crearon empatía y amistades. De manera similar, la identidad se construye por problemas comunes de migración con varios países: los latinoamericanos comprenden el problema. Cuando el MPJD cuenta las historias, siempre intenta poner primero la identidad de las víctimas. Cuando se conoce la identidad de la persona, se elimina el argumento de que nos habíamos acercado a las víctimas solo para publicar algo. También tuvimos una gran amistad y cercanía con varios fotoperiodistas.

En el punto de vista de Taylor (2013:48), las emociones son fundamentales para la construcción de una identidad colectiva. De esta manera, las nuevas identidades colectivas que permiten a las personas crear sus propias historias en “sociedades culturalmente diversas pueden dar lugar a polarización y radicalización”. Además, Goodwin et al. (2001: 9) afirman que “lo que es difícil de imaginar es una identidad que es puramente cognitiva pero fuertemente sostenida”. La “fuerza” de una identidad, incluso cognitivamente vaga, proviene de su lado emocional. Para el MPJD, la emoción desempeñó un papel clave en la construcción de su identidad. En la imagen 1, se ve a Javier Sicilia durante la reunión en el Castillo de Chapultepec, llorando y abrazando a la madre de un hijo asesinado en un encuentro con las autoridades2.

En la perspectiva de Beutz (2009: 227) el desarrollo de la identidad colectiva está permitido en grupos pequeños, lo que es crítico para la influencia a largo plazo de los movimientos de cambio social. Si la identidad colectiva es fuerte, “el movimiento puede obtener apoyo y poder porque los participantes sienten que todos están trabajando hacia objetivos comunes, tienen opositores definidos y tienen un sentido integrado de ser incorporado a las ideologías del movimiento”.

El poeta Javier Sicilia y Gabriela Cadena Alejos, madre de un hijo asesinado, durante una reunión con las autoridades

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(Cuartoscuro)

Imagen 1

En el contexto de los movimientos por la paz, es a través de las redes sociales que las madres de desaparecidos pueden obtener esta legitimación para comunicar sus casos, como dice la activista Janice:

Facebook les permite aparecer como un grupo legítimo y ha abierto el espacio para la participación de nuevos grupos, en su mayoría de víctimas. Las víctimas hacen un gran uso de las redes sociales, para diseminar casos y conectarse con otros grupos. En el caso del MPJD, se conectó con el grupo más profesional Cencos, que tenía profesionales de tiempo completo para ayudar a diseminar información. La fuerza de MPJD siempre ha estado en el uso de herramientas de comunicación. El MPJD utilizó Internet para mostrar su solidaridad con otros grupos, incluidos sus 17 subgrupos, que operaron de manera diferente. La amplitud de grupos proporcionó una plataforma para el arte y la cultura. Para los actores que lanzaron la campaña “En los zapatos del otro”, una campaña muy profesional que incluía anuncios, se usa una estrategia diferente a las formas de uso de Internet de la caravana en los Estados Unidos, por mencionar un ejemplo. El movimiento por la paz es un movimiento de movimientos, tiene todo tipo de personas, desde aquellos que hacen anuncios hasta aquellos que apenas saben cómo usar Internet compartiendo fotos en Facebook.

Desde el comienzo de las manifestaciones en abril de 2011 hasta la Caravana en los EE. UU., en agosto de 2012, a menudo se mostraba a Javier Sicilia abrazando a las personas, especialmente a las víctimas y las autoridades. De esta forma, los agravios se mostraron en el espacio público, dando forma a la identidad colectiva del MPJD. Doorns et al. (2013: 63) argumenta que los agravios pueden ser fundamentales para politizar la identidad colectiva, “deben experimentarse como ampliamente compartidos entre los miembros del grupo”. Además, los autores discuten que “los organizadores desempeñan un papel clave en cómo las personas determinan quiénes son y qué significado político deben atribuir a su identidad” (Doorns et al., 2013: 65). Además, la identidad colectiva puede continuar en actividades públicas, como demostraciones, lo que brinda cierta continuidad al movimiento a lo largo del tiempo (Diani, 1992). Asimismo, se expresó un mensaje político en el dolor de las víctimas, como Javier Sicilia, “el dolor personal hecho en público se ha convertido en una expresión de crítica contra el gobierno mexicano, que no ofrece una respuesta política legítima a los ojos del público” (Maihold, 2012: 190).

Para Collins (2001: 27-28), la dinámica emocional es un elemento clave en un movimiento social altamente movilizado, que describe grupos como la “efervescencia colectiva”. Los elementos son los “símbolos del grupo, que encapsula la memoria de la participación colectiva”. La conexión con estos logotipos permite a las personas mantener sus sentimientos de dedicación cuando están ausentes del grupo. Un ejemplo de esto es la imagen 2, tomada en París el 8 de mayo3, a propósito de la “Marcha Nacional” convocada por Javier Sicilia.

Además, Collins (2001: 27-28) sugiere que “las conductas hacia los emblemas son muestras de respeto por el grupo; por lo tanto, los emblemas son piedras angulares para la lealtad y objetivos para el desafío externo, los puntos focales alrededor de los cuales se generan más fácilmente las confrontaciones con los oponentes”. En las demostraciones del MPJD, estos emblemas son las fotografías de las personas desaparecidas. En la imagen 3, María Herrera, que ha sufrido la desaparición de cuatro de sus hijos, lleva una fotografía de cada uno de ellos (Jesús Salvador, Raúl, Gustavo y Luis Armando), el 10 de mayo de 2013 en la segunda Marcha Nacional de la Dignidad en la Ciudad de México.

“No más sangre”, París, Francia 2011.

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Imagen 2

Una madre sin celebración el 10 de mayo de 2013. Como aspecto de la marcha en el Paseo de la Reforma

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(Foto: Carlos Ramos Mamahua)4

Imagen 3

Taylor (2013:47) afirma que los movimientos sociales practican “rituales emocionales” para fortalecer la solidaridad y la auto-transformación entre los participantes, cultivar activistas y desafiar e influenciar a las élites y las autoridades. Los movimientos sociales tienen la costumbre de reunirse con representantes de los otros movimientos sociales involucrados en sus áreas. Las organizaciones de movimiento social más establecidas pueden asumir un papel de consultoría en tales ocasiones y, a veces, desarrollan intereses comunes. Además, los movimientos sociales pueden crear lazos de cooperación que pueden tomar diversas formas, “desde la consulta, hasta la incorporación en los comités, hasta la delegación de poder” (della Porta y Diani, 2006: 235). El activista Hermes comenta, a partir de la imagen 4:

En un conocido caso de feminicidio en Hermosillo, bordamos en la reunión con las autoridades, y estábamos negociando con expertos internacionales categorización de este tipo de feminicidio. Tenemos una comunicación abierta con las autoridades, divulgamos información, presentamos argumentos en medios alternativos y correcciones de los medios oficiales. Utilizamos la estrategia del bordado contra la reacción de las autoridades, trabajando en conjunto con otros canales de comunicación. Es difícil atacar a las mujeres que bordan, que es una de las diferencias con respecto a las otras campañas del movimiento. En las marchas actuales donde hay represión, vemos el agotamiento manifestándose. El bordado proporciona nuevas formas de comunicación y muestra ternura. La estética del bordado es un símbolo de un mensaje reconciliador. Nuestro bordado es una semilla de reconciliación en una situación donde el estado es responsable.

La identidad colectiva de los movimientos sociales por la paz en México se expresa en diferentes formas, son como una transformación adicional relevante de la organización del movimiento social es que las “narrativas de identidad personal” están reemplazando los “guiones sociales colectivos” y las identidades grupales como el centro para la organización social (Poell y Borra, 2011: 701).

Una de las formas más conocidas para promover la acción colectiva en estos espacios en línea es a través de “la publicación de informes, fotografías o imágenes de video en línea, por las cuales una nueva gama de personas puede compartir la emoción en el desarrollo de una acción o después de un evento de protesta como resultado de la cual puede desarrollarse apoyo” (Van Laer, 2007: 7). Uno de los caminos seguidos por el grupo es inspirar el apoyo a través de la sensibilidad y la empatía. Otra implica la creación de herramientas de memoria, como hashtags para personas desaparecidas en Twitter, que comunican la solidaridad mediante el uso de las redes sociales en diferentes partes del mundo y conectan las historias individuales de forma descentralizada sin control de los flujos de información.

Bordados por la paz en el Congreso de Hermosillo (Sonora, Mexico)5

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Imagen 4

Es a través de los sitios de redes sociales de internet que se negocia la identidad colectiva, creando una resonancia, a través de múltiples voces y valores, de una manera fluida que se caracteriza por un compromiso claro, retratando sus propias historias como una forma de fortalecer la identidad en sus propios términos, contrarrestando la postura oficial por los medios tradicionales como víctimas colaterales. Cammaerts (2008) revisa cómo surgen las nuevas tecnologías de comunicación con altas expectativas y fuertes afirmaciones sobre su potencial para fomentar la democracia y la emancipación. Esto significa que hay una tendencia a sobreestimar las capacidades de dichas tecnologías como si pudieran habilitar mágicamente procesos de participación civil o cambio social.

Sin embargo, este estudio intenta demostrar que la identidad colectiva puede ser comunicada por internet (Stekelenburg y Boekkooi, 2013), especialmente cuando los activistas no pueden acceder a los medios de comunicación tradicionales. Pueden usar formas alternativas de comunicación como los sitios web creados por periodistas reconocidos.

El análisis observó el reconocimiento de la visión del MPJD como una expresión de las multitudes que deseaban la paz y, al mismo tiempo, en el análisis que comprende 2011-2013, lo que significa que la figura de Javier Sicilia fue solo una expresión de la realidad compleja y amplia en lo que diversas movilizaciones por la paz derivarían de ese movimiento, determinando, desde sus propias organizaciones, diversas posturas frente al contexto de violencia relacionado a la llamada “guerra contra las drogas”. Como se muestra anteriormente, las emociones desempeñaron un papel central en el mantenimiento de la identidad colectiva exhibida en la esfera pública, como llorar y abrazarse entre las víctimas y mediante el uso de emblemas, como fotos de sus familiares desaparecidos. Estas acciones dieron legitimidad a sus demandas, y se han mostrado de la misma forma en sitios de redes sociales, permitiendo que el movimiento mantenga una efervescencia colectiva permanente para hacer eco en la sociedad y con las autoridades.

Este estudio concluye que es mediante la identidad y las redes sociales de internet, se puede potencializar la creación de lazos solidaridad a través de la creación de una comunidad transnacional como fue la Red Global para la Paz en México, que se manifestó en diferentes países de todo el mundo con una identidad derivada de los agravios en el contexto en contra de las drogas (2011-2013). Además, si bien internet ha permitido la comunicación de acciones colectivas, las manifestaciones virtuales generalmente no sustituyen el contacto cara a cara con grupos, como sucede con el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, que está en la base de su organización de todos los colectivos por la paz del presente estudio.

Es preciso indicar que existe una diversidad de identidades colectivas en línea que pueden comunicar e inspirar sensibilidades entre los simpatizantes y miembros, haciéndolos sentir parte de una comunidad de sentido. En tal perspectiva, este estudio también ha examinado cómo se han utilizado las redes sociales de internet en formas innovadoras, y de manera profesional, como es el caso de la campaña “En los zapatos del Otro”. Estos esfuerzos audiovisuales del MPJD se dan en un entorno de comunicación y cultura digital, para organizar campañas y hacer reclamos, exigir justicia a las autoridades con una diversidad de demandas en una esfera transnacional para visibilizar la tragedia humanitaria en México.

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Notas

[1] Top 10 Hashtags related to #EstamosHastaLaMadre, http://hashtagify.me/hashtag/estamoshastalamadre (Fecha de consulta: 17 de noviembre de 2015)

[2] García, I. (29 de julio de 2011). “El Congreso está ciego y sordo ante el dolor y la muerte, reprocha Sicilia”, CNN México. Recuperado de http://mexico.cnn.com/nacional/2011/07/29/el-congreso-esta-ciego-y-sordo-ante-el-dolor-y-la-muerte-reprocha-sicilia (Fecha de consulta: 02 de mayo de 2015).

[3] Movilizaciones de la Zezta Internacional 7 y 8 de mayo en el mundo. Marcha por la Justicia y contra la Impunidad (8 de mayo de 2011) Colectivo Yollotlanemilistli. Recuperado de http://yollotlanemilistli.blogspot.mx/2011/05/movilizaciones-de-la-zezta.html (Fecha de consulta: 11 de junio de 2014).

[4] Camacho, F. (11 de mayo de 2013) Marcha de la dignidad, La Jornada. Recuperado de http://www.jornada.unam.mx/2013/05/11/politica/002n1pol (Fecha de consulta: 05 de febrero de 2015).

[5] Ceniceros, H. (2 de noviembre de 2013). OCTUBRE EN SONORA: LOS YORIS VANIDOSOS, Nuestra Aparente Rendición. Recuperado de http://nuestraaparenterendicion.com/index.php/estamos-haciendo/estado-de-la-republica/sonora/item/2038-sonora-en-octubre-los-yoris-vanidosos?fb_action_ids=547306225337710&fb_action_types=og.likes (Fecha de consulta: 30 de junio de 2014).


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ISSN: 2007-2678

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