Gravante: Tecnopolítica disidente y cultura digital en América Latina

Tecnopolítica disidente y cultura digital en América Latina

Dissident Technopolitics and digital culture in Latin America


PRESENTACIÓN

El levantamiento de las comunidades indígenas de Chiapas en 1994 fue una de las primeras ocasiones a nivel internacional en que se utilizó la red de Internet como medio de protesta y apoyo a una lucha social, original en su retórica y global en sus expresiones antagonistas. Estos movimientos de apoyo a la causa zapatista abrieron paso al mediactivismo digital en un contexto de conflicto social; sin embargo, fue hasta años después, con la difusión masiva de las tecnologías a bajo costo y de la red de Internet, que fue posible el uso de los medios sociales como componente de la acción colectiva. Efectivamente, la Batalla de Seattle en 1999, la creación de los nodos Indymedia Center y el consiguiente movimiento antiglobalización fueron acontecimientos que demostraron las potencialidades de las nuevas tecnologías y la creatividad de los activistas.

Por un lado, a lo largo de las últimas dos décadas, la tecnopolítica y la comunicación participativa han fortalecido las formas de integración comunitaria (urbana y rural) y de movilización social; por otro lado, la emergencia de nuevas culturas digitales ha dado lugar a experiencias sociales que han pasado desde piratear el hardware y el software para generar sus propias tecnologías y herramientas liberadoras, a hackear conceptos como los de organización social, conocimiento, cuerpo, género y sexualidad, entre muchos otros, dando lugar a una serie de procesos socio-culturales que son capaces de (re)inventar otras identidades sociales, valores morales antagónicos y formas de hacer política.

Gracias al mestizaje y la hibridación digital entre la cultura antagonista, lo culto, lo popular y lo folclórico, prácticas como el cultural jamming, el détournement, el hacktivismo, el artivism, el networked activism, el mediawatch, el efecto slashdotted, el open publishing y el nuevo videoactivismo digital, entre otras, han dado vida a una verdadera cultura digital disidente, tal como se manifiesta en el Camcorder Kamikazes Manifesto y en la Electronic Civil Disobedience, al igual que en innumerables experiencias y proyectos que logran vivir al mismo tiempo en línea y fuera de línea.

Este proceso se ha dado también en América Latina, por ejemplo, en experiencias hackfeministas de talleres de autodefensa digital, que han extendido sus prácticas a través de talleres de autodefensa en el mundo físico; los hackmítines en México que desarrollan nodos que van desde ‘Hackeando redes de WiFi (WEP) con Aircrack-ng’, al ‘poder del consentimiento y el autocuidado’, entre otras. Estas experiencias sociales a lo largo del continente, gracias a los juegos de sincretismo, resignificación, reconfiguración, deconstrucción y reconstrucción del proceso de apropiación y uso de las nuevas tecnologías, han contribuido a la emergencia de una cultura digital antagónica basada en la cooperación, la economía de la donación, el compartir el conocimiento, la centralidad de la comunidad y las prácticas de ingeniería inversa como formas alternativas de construcción de los sistemas sociotécnicos.

A pesar de la riqueza de las experiencias sociales latinoamericanas, las investigaciones actuales en el continente se han centrado más en analizar la interacción funcional entre sujetos sociales y nuevas tecnologías, dejando en un segundo plano la profundización de los cambios culturales que estos mismos actores han experimentado en termino de valores morales, identidad colectiva y cultura política a través de su experiencia digital.

El presente dossier quiere colmar este vacío en la literatura. Desde diversas latitudes, las autoras y autores que participan en este monográfico proponer una reflexión alrededor de estos fenómenos sociales y los procesos que han permitido el surgimiento de esta nueva cultura digital disidente. El dossier es abierto con un mapeo y diagnóstico de iniciativas relevantes de ciberfeminismo en diferentes países de América Latina por parte de la Profesora-Investigadora de la Universidad de Cadiz, España, Lucía Benítez-Eyzaguirre. La autora presenta diferentes perspectivas a la hora de relacionar género y tecnología desde el activismo y los movimientos sociales. Aquí, el ciberfeminismo permite construir herramientas propias, programar sistemas alternativos para descubrir qué hay detrás de los programas, de qué manera obligan a desempeñar las tareas según sus criterios, y qué hace el software con las mujeres. Este tipo de aprendizaje es también político, es una forma de crear y no de destruir. Es otra forma de pensar, de producir imaginación, es decir, de hackear el futuro.

José Candón, profesor-investigador de la Universidad de Sevilla, España, nos presenta una comparación entre las identidades y la cultura digital de dos movimientos mexicanos: el neozapatismo y el #Yosoy132. El texto va a destacar las diferencias culturales entre ambos movimientos. Por ejemplo, el neozapatismo se puede enmarcar entre los nuevos movimientos globales del ciclo altermundista mientras que, en opinión del autor, el 132 guarda más semejanzas con movimientos contemporáneos como el 15M español, con un carácter más transversal y ciudadanista. Esto en términos culturales y de identidad colectiva marca distancias con la izquierda clásica, sin que ello tenga por qué significar una pérdida de radicalidad en sus proposiciones políticas.

Por su parte, Iria Puyosa de la Universidad Central de Venezuela, analiza el ciclo de protesta de 2017 en ese país, con énfasis en las dinámicas de los movimientos sociales en red que conectan la cultura política disidente con la construcción de identidades colectivas construidas a partir de la ocupación del espacio público. El análisis resulta muy interesante en cuanto se enfatizan aspectos que conectan las emociones, el cuerpo como vehículo de la protesta, y la cultura digital. Este estudio proporciona solidos indicios sobre la emergencia de una cultura de resistencia civil en Venezuela durante el ciclo de protestas de 2017. Cultura que, sin sombra de duda, se vincula a determinadas emociones, como por ejemplo la indignación, emoción activadora de la movilización, y la esperanza, emoción que marcó la fase de crecimiento del movimiento.

La transalfabetización y alfabetización transmedia son los temas centrales del texto de la María Consuelo Lemus Pool y César Bárcenas Curtis de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, México. Los autores, a partir del marco de referencia de la comunicación alternativa, analizan el caso mexicano de #TodosSomosAyotzinapa, y de cómo en un ecosistema digital, se desarrollan una serie de prácticas socioculturales que interactúan generando nuevos procesos de comunicación.

En otro artículo, las investigadoras Lidia García de la Universidad Autónoma de Querétaro, México, y Olga Guedes, de Nottingham Trent University, Reino Unido, analizan cómo la identidad colectiva puede ser promovida por Internet, dando así la oportunidad a los grupos de reconfigurar dicha identidad en sus propios términos, construir su propia historia, reivindicar su propia voz y restablecer su autorretrato como comunidad y cultura. El caso analizado por las académicas es el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad (2011-2013). Muy interesante es ver como los hashtags para personas desaparecidas en Twitter son utilizados como herramientas de memoria, permitiendo además de conectar las historias individuales en verdaderas redes de solidaridad.

Como podrá ver el lector, los cinco artículos que estructuran este dossier se acomunan por analizar las prácticas de apropiación y uso de los medios digitales fuera de una mirada tecno-centrista, enfocándose más bien en los procesos que se dan entre el medio digital y las personas que las usan. Lo anterior, siempre tomando en cuenta que el proceso de apropiación está vinculado de forma vital con el cuerpo social y cultural en el cual se desarrolla el medio de comunicación, desde el punto de vista de la cultura cotidiana y las experiencias vivenciales de los sujetos involucrados. Por tanto, esta práctica de tecnopolítica disidente está subsumida en la cultura y en las experiencias de las personas. Al mismo tiempo, es una práctica que crea una cultura digital propia en la cual convergen identidades, emociones y valores distintos de la cultura dominante. A pesar del esfuerzo para realizar este dossier, hay todavía muchas más líneas de investigación que abrir y temas que profundizar siempre en el ámbito de la tecnopolítica, la cultura y la acción colectiva. El uso alternativo de los big data, la emergencia de las relaciones cyber entre cuerpo y tecnología, y entre tecnología y naturaleza, el hacktivismo de los valores dominantes, son algunos de ellos. Esperamos que este dossier pueda dar la ocasión para pensar en estas temáticas y abrir nuevos escenarios de investigación en México y América Latina.


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ISSN: 2007-2678

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